sábado, 20 de diciembre de 2014

"I'd never let you leave my life"

Cuando alguien te conoce incluso mejor que tú mismo, solo puedes dejar que siga haciéndolo. 
Y ella me conoce desde dentro. Me conoce contenta. Me conoce triste. Me conoce ansiosa. Me conoce siendo feliz, rota o tonta. Conoce todos y cada uno de mis puntos débiles. Y me gusta. 
Que ella no ha estado en las buenas y en las malas. Ella ha convertido las buenas en lo superior y las malas en todo lo contrario. Ella ha sido todas las buenas. 
Ella, joder, ella. 
Me ha visto con ojos ojerosos y llorosos, con mis mejores sonrisas y en mis peores pintas. Me ha sacado de casa cuando yo no esperaba hacerlo en meses. Ha sido un bote de salvación. Me ha secado tantas lágrimas que no podría ponerle un número. Ha hecho el imbécil por darme un momento de respiro en el que yo riese de verdad. 
Ha estado. Y ha sido conmigo. 
Cuerdas, enfermas, borrachas en un sofá o gilipollas en cualquier lugar. Pero las dos. 
Qué vais a contarme de amistad, cuando tienes tanta confianza con alguien como para llorar y reír en un mismo hombro. 
Eso no es amistad, eso es como poco, la hostia. 
I love you babe.
 

martes, 16 de diciembre de 2014

Mientras lamento tu ausencia y mi gilipollez.

¿Dónde nos quedamos? ¿Dónde me quedé? 
¿Cuál fue el momento en que nos rompimos otra vez? 
¿Por qué nos rompimos otra vez? 

Nadie quiere barrer estos escombros, nadie quiere enseñarme a reconstruirlos. Nadie quiere regresar a sitios o a personas suicidas.
 Excepto yo. 
Tenía que lamentar tu ausencia para darme cuenta de que nada es suicida. Nada ha mericido tanto la pena. A la mierda los escombros, demos una luz nueva al banco repleto de polvo que ambas queremos pasar por alto. Ya aprenderé a construir de nuevo. Y permíteme equivocarme. Una y otra vez. Porque vuelvo. Atada estoy a ti. 

Déjame volver, o dime qué coño hago yo ahora, conmigo pero sin ti. 

 
Llevaba sobre ella un pesar, su alma cargaba agujeros y huecos sin remendar. 
Solía caminar sola bajo la lluvia; así ocultaba sus lágrimas. 
Camina como un suicida por la vías del tren, filosofando entre síes y noes. 
Lleva a cuestas todo lo que le quiso decir. Eran unos minutos de silencio incómodos. En su cabeza. Una canción en mute. Un bosque sin árboles. Un frío de enero que evitaba a toda costa.
Era el espacio en blanco entre margen y margen. 
Una línea continua. 
No creía en que las heridas pueden curar. 


Solía vestir de negro, y escribir con la mano izquierda. Pensaba en todo y nada. En poemas e historias.Nunca se le había dado bien hablar y nunca recuperaba a las personas que quería. Todas se iban, se escapaban de su jaula. Pero quería escribir sobre esa línea continua; hacerla discontinua. Otra vez.
Quería saber dibujar un espacio a cada uno de sus huecos. 
Quiere hacerlo.

Estamos llenos de vicios, de vacíos, de recuerdos o trozos de alguien que desapareció. 
Pero que nunca se marchó.




 

sábado, 8 de noviembre de 2014

Esta noche me volveré a beber a solas otra vez






Desgarrarme la piel a tiras antes de que lo haga yo.
 El inverno ha llegado por sorpresa a mis mejillas, que ya se habían acostumbrado al color rosa primaveral.
Se cuela entre mis huesos. Sentir el frío por fuera. Que por dentro ya lo llevo en todas las estaciones. 
Y mimetizarme con él.Ser un camaleón que se camufla para sobrevivir en un mundo de cuerdos. 
Desgarrarme la piel, y quémala. Borra toda marca de ataduras que hayas grabado en ella. 
Desgarra y rómpela en pedacitos más pequeños. Hasta volverlos insignificantes, como mis sentimientos hacia ti. 
Desgarrala y llora, como si de una cebolla se tratase. Llora por aquello que tú mismo destruiste. Llora para empezar a sentir de una maldita vez la vida. 
Desgárrame estos sentimientos del alma. 
Arden en pleno invierno. 
No curan, matan. 





martes, 4 de noviembre de 2014

November

Estamos tan equivocados que pensamos que el olvido no se piensa; y pensamos en olvidar. 
Parar y respirar el aire de noviembre. Y esperar. 
Las hojas de los árboles continúan verdes en otoño. Mis sentimientos buscaban recomponerse entre el crujido de unas suelas rotas contra unas hojas más muertas que vivas. Solo queda nostalgia entre un cuerpo frío y un hemisferio que parece que se niega a congelarse. 
Otoño no quiere tocar a mi ventana este año, y no le culpo. Está cansado de morir por una primavera que jamás le corresponderá. 
No hay nada más triste que pasar por alto los pequeños detalles que nos rodean para vivir en un universo roto. 
Quizá deberíamos de olvidar esa puta tendencia humana de mirar lo que tenemos delante para reflexionar lo que está a nuestro lado. Y no perderlo. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

U matter.

Ver. A veces solo es tan simple como eso. 
Ver para darse cuenta. Y por fin poder cicatrizar lo         que hace unos cuantos recuerdos lleva abierto.
Ver para creer. Creer en mí.
Ver con unos ojos llenos de lágrimas. Y secarlos. Eso también es sanar. Levantar, por huevos tus heridas. Y seguir. Seguir como la canción de la casa del vecino, parece que quiera escapar y llegar a más corazones. Seguir como quien no sigue nada. 
Ver más allá de sonrisas fingidas. De un falso orgasmo. De una relación muerta.
Ver el horizonte tras el largo camino de la montaña. La de tu vida. La de mi vida. Que tiene más cuestas para arriba que para abajo. Y respirar. Y sentirme pura. Y libre. Respirar toda la libertad que quepa en mi pecho.
Ver. Verme.
Mirarme al espejo y no ser una desconocida de piel pálida. Mirarme con lupa todos y cada uno de mis defectos. Recorrerme la piel. Y aceptarlos. Y quererlos. Quererme.
Darme un respiro. Llenar mis pulmones de realidad y darme cuenta de lo que llevo teniendo delante mio durante tanto tiempo.
Y entonces sí, quitarme la venda.
Y ver. 

Encontré la aurora escondida entre inviernos y veranos.

Supongo que toda herida rota tiende a sanar. Supongo que tendrá que ser un hecho. Un hecho que me niego a aceptar.
Será por los sentimientos que hay dentro, que hacen que mi sangre hierba hasta rabiar. Y aunque duela, una termina haciendo de ese dolor como un órgano más de su cuerpo. Es como un segundo corazón sin el que no puedes vivir. O crees no poder hacerlo.
Será que estoy cansada de no sentir los inviernos, de notar todo ese calor que generan las heridas. Arden. Y duelen. Será que quiero un poco de estabilidad  conmigo misma. Aunque sea algo casi imposible para una persona que piensa a la velocidad de la luz más de tres cosas. Imposibles entre sí. Y odia tener que descartar dos de ellas.
Será que ese cansancio ya me ha consumido bastante. Que de mí solo quedan unos cuantos restos principales. Y que de lo que era ya no queda nada. Me he volatilizado en un fuego que yo misma consumía y que finalmente ha terminado de arder.
Será porque no quería seguir doliéndome en esos sentimientos. No sé cuando comprendí que necesitaba un cambio. Algo grande. Grande para mis sentimientos. Para mí. Comprendí que ya no quiero seguir hundiéndome bajo el fango. Que necesitaba salir, desprenderme de todo. Y arder. Arder por mí. Y no quemarme.
Será. Y te das cuenta de que has cambiado. Maduras o como lo quieran llamar.
Será que un par de cicatrices te ayudan a recordar el fuego que recorre tus venas.
Y ya no es un 'será' sino es. Es que soy feliz en la hoguera en la que habito. Ardiendo con todos mis sentimientos. Sintiéndolos como uno. Naciendo de mis cenizas una y otra vez. Consumiendo una y otra vez. Y creciéndome, cada día mejor que el anterior. Cada día, sintiendo el calor, y también, el frío.

martes, 26 de agosto de 2014

Inspira.

Lo peor de echar de menos a alguien a quien no puedes sentir es echar de menos a alguien que tienes a tu lado y no la sientes. Y terminas echando de más al resto. Inconscientemente. Porque quieres tener y te desvives por tenerlo. Y te aprieta el pecho hasta hundirte. Y te das cuenta de que no. No hay pasión en los ojos que te miran. No hay sentimientos. No siente. Y duele abrasar un vacío. Y duele abrazar un cuerpo inerte que parece más preocupado por otros sucesos que por lo que tiene entre sus brazos. Y quema. Te quemas a ti misma. No hay nada. Nadie. Y no queda nada más que continuar echando de menos. Echándote de menos. Necesitando(te).

'Parece como si estuvieras en otro mundo y cada vez estás más lejos.'

Evadirme. Evadirme para poder llenar mis pulmones. No de aire. El aire corrompe, oxida y al final mata. Muere lentamente. Morimos lentamente.
Evadirme para pensar con claridad. Para llenarme de pensamientos vírgenes. Sanos.
Y sí, me evado, y qué. Qué le voy a hacer. Lo necesito, lo necesito para aparentar que soy una persona cuerda y feliz. Aparentar, siempre aparentar. ¿No es lo que pretenden? ¿No es lo que quieren? Lo peor, es que no puedes evitarlo. No puedo.
Evadirme para no dejar ver que soy un ser horrible. Me da asco la humanidad, persona por persona. Son seres (afortunados) repletos de mierda que se creen diferentes cuando la verdad cojean todos del mismo pie. Yo no me creo difente; y por consecuencia no soy tan ilusa para pensar que tendré algo especial al resto. Y claro, sufres. Sufres porque estás en el epicentro de la realidad y duele. Duele ser racional. ¿Solución? Evasión. ¿Resultado? Aparentar ser una buena persona que vive felizmente en esta comuna social creada. Sin querer follarme las mentes de cualquiera y sin querer disfrutar por ello. Porque no puedo evitarlo. No puedo. Y a fin de no poder, aparentemos ser ser superiores al resto. Y disfrutaremos jugando con sus mentes. Y volveré a evadirme, para quitarme toda la mierda del imperio que hemos creado.

martes, 19 de agosto de 2014

Manos frías, cuerpo frío.

Notar el frío por las venas incluso a cuarenta grados. Vacío. Como queráis llamarlo. Añorar unas manos que den calor a un cuerpo que rechaza todo tipo de aprecio, pero que en realidad lo está deseando. Recordar una canción de miles. Y un banco más lleno de abrazos y lágrimas que de personas. Vacío. En todas sus formas y doliendo de todas juntas.
Quizá este vacío se llenará tan fácilmente como se desbordó por primera vez. Hace tiempo que no llueve. Y tengo un rincón de mi ser decrépito, esperando ser exterminado.

Ojalá me encuentre.

Hoy he vuelto a mirar mi reflejo ante un espejo. Cada día odio más al narcisista que lo descubrió y se propuso mostrarlo a la sociedad. Como si al mundo no le fuese suficiente con aparentar materialmente. Que empezó destruyendo, también, a uno mismo.
Cada día me repugna más la persona que me mira al espejo. Y tengo razones para hacerlo. Entre otras por ser partícipe de un juego social. Algo que no le tendría que ir. Por ser débil. Y, también, por masacrar todo aquel signo de amor que presentan hacia ella.
Aunque, a veces, hay días en los que encuentro amor. Amor hacia uno mismo. Y me quiero. Algo que, supongo, debería de hacer más a menudo, y que no hago.
Días en los que tras noches de poco sueño y muchas pesadillas me siento preparada (y decidida) para madrugar, coger los cascos y perderme por cualquier rincón. Hasta quedar exhausta. Pero con fuerza y conmigo. Sobre todo conmigo. Conmigo feliz. Conmigo convencida de que puedo con cualquier cosa.
Y esa es la mejor forma que conozco de tenerme. Pero, al igual que todo, las cosas buenas son escasas. Y aquel momento efímero no tarda en desaparecer. Y vuelve el desprecio. El dolor. Todos aquellos pensamientos degradantes, que pudren. Que huelen a mierda.
No entiendo porque. Pero he de admitir que me gusta tenerme. Me gusta quererme. Quererme como cualquier persona necesita que la quieran. Quererme para saber lo que se siente. Quererme porque en otros momentos no puedo.

domingo, 17 de agosto de 2014

Siempre la misma mierda.

 Ojalá el tiempo sanase todas aquellas permanentes heridas. Ojalá no fuese un puto analgésico de unas horas, unos minutos o unos días de más. Y ojalá no te hurgara más en las heridas.
 La putada de meter el dedo en una herida que estaba a punto de cerrar.  La putada de que las heridas sanen es cuando no lo hacen. Y permanecen. Como tu olor sobre mi piel al poco de abandonar mi cama. Como el sentimiento de vacío que me acompaña después.
Se esconden, pero no desaparecen. Se mantienen entre 'nuncas' y 'siempres': 'Nunca más volverá a doler'. Pero una cicatriz se abre por muchas razones, y no se cierra por casi ninguna. Y escuece.
La putada del tiempo. Que nunca cura nada. Y escuece todo. La putada de volver a tropezar. Con piedras o sin ellas. Pero, siempre, tropezamos otra vez.
Entonces sólo queda esperar. Sí, esperar. Esperar no a que algún día se cierren todas la heridas, sino a acostumbrarse al dolor que conlleva vivir con ellas.

jueves, 7 de agosto de 2014

Tan efímero.

Sentir. Sentir que puedes. Sentir lo que tienes. Y lo que no también. Sentir y mucho. Me sé la caída de memoria. Hasta el punto de llegar a tocar el vértigo con la yema de los dedos, con la punta de los pies. Vértigo por una caída en exceso. Sentir sin ningún punto medio. Sentir sin conocimiento, pero con fuerza. En exceso. Caer de nuevo, caer en el vértigo. Vértigo de sentir lo que tienes, y lo que no tienes. Que duele más. Sentir la ausencia de aquello que se fue sin avisar, de quien regresó haciendo ruido. Sentir un 'te quiero', un 'te echo de menos', un 'te odio'. Sentir tu corazón contra el mío. Sientes todo. Sonríes todo. Ríes todo. Lloras todo. Necesitas todo. Lo sientes todo, los sientes a todos. Pero a veces, sentir mucho, da tanto vértigo como no sentir nada.

No sé donde estará mi norte, pero sí tengo un sur.

Un abrazo al poco de conocernos. Un banco muy nuestro. Unas risas, unas lágrimas, un conglomerado de todo. Una para nada típica promesa. Un día, un mes, muchos años. Varias fotos, diferentes, pero iguales en sentimiento. Una distancia. Un 'te echo de menos'. Reconciliaciones en abrazos. Risas con besos. Un lugar nuevo. Una cama, mucho verla dormir y poco hacerlo yo. Cigarros a medias y cosquillas en cuerpos ajenos. El suyo. Manos que ponen pelos de punta. Unas cuantas cartas. Unas chuches. Una sonrisa. La suya, siempre la suya. Termina con un abrazo, el mejor cobijo que existe, incluso en verano. 


miércoles, 6 de agosto de 2014

Prefiero amar en un mundo de locos que.

Si te pregunto sobre tu vida, creerás que solo tienes dos respuestas posibles. O es maravillosa o es una puta mierda. Dejándote así miles de 'quizás' acertados y erróneos entre medias.

Si te pregunto por el amor, harás lo mismo, creyendo que solo tienes dos respuestas verdaderas. O bien me contarás lo maravilloso que es y lo bien que te va, o al contrario lo malo y horrible que es para ti. Aportando así una única conclusión falsa o verdadera. Limitando las diversas posibilidades intermedias que podrías tener. 

Si te pregunto por el odio, sólo serás capaz de decirme el nombre de aquellas personas, objetos, situaciones, lugares, y experiencias que te producen nauseas... 

Y si te preguntase por ti mismo, me dirías que nadie te soporta, que ni tú mismo sabes soportarte y que te das asco. Que aquella persona que te aguanta se merece el cielo por hacerlo. También que tu vida es una mierda y que no crees en el amor. Quizá. Pero quién sabe. 

A fin de cuentas, todos tratamos más de tonto al que se enamora que al que se suicida. 

Y quizá, por eso la sociedad está llena de complejos y de gente de que no tiene ni idea de cómo se ama. 

Y mis sueños volaban sobre unas alas que tenían los días contados.

Es estúpido todo aquel que diga (o haya dicho) que el tiempo cura. Soy estúpida. Pocas. Pocas son las veces que el tiempo cura, es más, qué mierdas cura el tiempo.
No. El tiempo no es la mejor medicina de nadie. El tiempo es compañero y amante de la soledad, y ambos son los peores analgésicos que uno puede elegir para esperar a que algo sane. No. El tiempo no es mi cura. Ingenua de mí por llegar a creerlo. Puta ingenua.
Curan. Curan los 'abracitos'. Curan los 'no me voy a ir de tu lado' y los 'por ti lo hago', también. Curan los cafés calientes y los fríos compartidos. Curan las cosquillas en un cuerpo ajeno. El suyo. Pero el tiempo no cura nada, recordarlo aún cura menos, para lo mucho que escuece todo. Y escuece demasiado.


lunes, 21 de julio de 2014

Un "Lo siento pero no quiero joder" es sinónimo de un "me da igual seguiré jodiendo"

Pinchazo en el pecho. Rabia y un mar de lágrimas acumuladas. Dolor, pero no físico, dolor. Pero no. Es diferente. Es oprimente y enfría. Mis ojos ya están secos. Mis labios fruncidos. Dolor. Dolor que aleja. Pero no, no se aleja de mí, no me molesta ese tipo de dolor. Es diferente. Es quitarte una venda, una venda podrida y mal oliente, que nublaba todo a tu alrededor...
Respiras hondo, intentando no pensar, pero ese pensamiento no se va nunca de ahí. Y taladra y duele. Y otra vez.
Vuelves a respirar hondo, ahora todo está ya más calmado. Sabes controlarte, olvidar esa anarquía de sentimientos. Ahora ya estás frío. Ya puedes razonar. Y terminas dándote cuenta de que no es este el tipo de dolor que quieres. No es un dolor propio, es un dolor ajeno. Dolor que pudre. Dolor inservible. Y decides: No voy a jugar más a tu juego.





sábado, 19 de julio de 2014

"¿Quieres disparar? Dispara, ya ves tú, yo siempre voy de cara, como si esta vida me importara tanto, como si en esta vida hiciese falta convivir con tontos..."

Somos la calma que nunca llega tras la tormenta; somos esa canción odiosa que nunca termina, y aquel verano que nunca llega. Somos como el tiempo y el columpio de un parque que viene y va. Vienes y te vas, porque yo nunca me he ido. Somos aquel "nosotras" del que hablo sin estar tú ni yo encontrarme.
¿Y sabes qué? La vida también mata y no hay mejores etiquetas, hijas de puta, como las cajetillas de tabaco. Ellas si que lo plasman bien, hijas de puta. La vida también mata, ¿no? Pues a seguir con la función que decidices y que se mueran en el final con el sonido de mi risa. Que sonrían al final por el sonido de mi risa.
¿Y sabes qué? No quiero cambiar sonrisas por tristezas ni preocupaciones por más motivos por los que preocuparse. No quiero nada de eso, no quiero nada de nadie ni quiero malas caras de nadie ni  chiquilladas que se os hacen... no se cada uno varios. Estoy harta y no quiero hablar mas de lo tocado.

miércoles, 16 de julio de 2014

Esta es mi excusa.

Escribo porque esperar algo que no va a llegar es peor que ser impuntual. Y mira que no soy yo la más indicada para escribir, la reina de la impuntualidad, a pesar de intentarlo siempre hay algo en mi vida que se tuerce. Por eso, escribo. 
Escribo. Por recuerdos, lágrimas o promesas rotas, guardadas en el cajón de los sueños rotos. Escribo. Porque me impulsa a soñar, a buscar nuevas formas de vivir. Escribo. Porque es la sangre que recorre mis arterias. Escribo. Porque al hacerlo siento adrenalina saliendo por cada poro de mi piel, desde la cabeza hasta los dedos de las manos. Escribo. Porque es una borrachera constante, un ciego inacabable, una felicidad prolongada. Escribo. Porque hay muchas injusticias y muy pocas personas que se preocupen por publicarlas. Escribo. Calcando mi piel en trozos de papel. Escribo. Porque es una pequeña excusa para seguir luchando. Escribo. Porque soy mejor escritor que persona y si tengo que decirte que te quiero lo haré escribiendo: como el respirar, te necesito. Escribo. Tratando de comprender las ignominias de este mundo, tratando de comprender el mío propio. Escribo porque me gusta.
Me gusta de la misma forma que me gusta pisar ojar en otoño y que la piel se me ponga de gallina. Me gusta como no madrugar un domingo. Me gusta como tus besos a media mañana. Me gusta al igual que me gusta el frío de las noches, aquel frío que penetra en mi piel y acelera mi respiración. El mismo frío que me despierta acariciándome por las mañanas y me recuerda que tú no estás en mi cama para darme calor. 
Y sana. Y alivia. Y cura aquello que nadie podría imaginar que duele tanto. Escribo porque a veces me falta voz para intentar hablar sobre mí misma en silencio. Escribo porque el deshago empieza por dentro. Escribo dolor por vicio, lloro por vicio. Escribo por mí y para nadie. Escribo porque me recuerda que llorar es tan bueno por dentro como por fuera. 







"Intento ser yo mismo con mi romanticismo y me lanzo hacia el abismo para ver la realidad."

Siempre hay una canción, un poema, una frase... algo que te haga despertar, algo que te impulse a seguir. Si no quién coño soportaría las endogamias de esta sociedad. Pero ¡oh! vamos no me jodas, la música está sonando, y tú sigues ahí, encerrada en ti misma por undécima vez. ¿Es que no lo ves? ¿Qué fue de tus ganas de vivir? ¿Y de cantar, bailar o escribir? ¿Dónde te has quedado? ¿Dónde nos hemos quedado? Vete de aquí. Que yo vivo entre octubres y marzos, entre otoños y primaveras, entre cielos blancos y nublados. Que siempre odio los veranos y adoro los inviernos. Vete de aquí. Que yo me quedaré pisando hojas otoñales, buscando nubes con formas y formando figuras con el vaho de las madrugadas. Vete de aquí. Y déjame escuchar el sonido de la lluvia al caer. Y vuelve, vuelve cuando hayas cambiado tus inviernos por primaveras y podamos llevarnos bien.


martes, 1 de julio de 2014

"And in the free fall I will realize I'm better off when I hit the bottom"

Es como cuando te levantas y haces lo mismo de siempre. Desayunas y comienzas con tus rutinas, aquellas que te cansan, pero claro, no pasa nada porque es lo normal. Pero hay algo dentro de ti que empieza a arder y quiere salir a la luz. Está candente. Algo que te dice 'párate a pensar, respira y mira a tu alrededor porque no todo va sobre ruedas. Hoy no estás bien' Y bueno... tiendes a ignorar aquella sensación, pero el dolor oprimente de tu pecho no desaparece. Es como un infierno interno tratando de dejar sueltos aquellos sentimientos que corroen al ser humano. Como un volcán que daba indicios de erupción y es ahora, al final de la noche, cuando está descargando toda su tristeza por la tierra. Llora y destruye todo lo que toca a su paso, pero qué más da si por lo menos está vivo, ardiente.

"Quería huir del problema, pero no sabía cómo deshacerme de mí"

Llueve. Aunque a fuera esté todo seco. Llueve. Y me duelen las tardes encerradas en mí. El frío que siento no me abandona ni en verano y el vaho siempre está a medias en el cristal. Me gusta sentir el duro y frío suelo sobre mis pies, eso me recuerda que no soy la única que parece un ser inanimado. Que soy un largo invierno que nunca termina. Que mis pulmones no pueden evitar sentirse oprimidos ante tanta desolación, buscando en lo más fondo algún sitio en el que resguardarse de este frío. Qué le puedo hacer si hace tiempo que dejé de sangrar. Que solo sigo aquella línea discontinua que hay pintada en aquel viejo y escarbado camino, aquella línea que divide en dos una misma distancia y a mí en mil pedazos. Puro hielo. Estoy, también, tratando de salvarme desesperadamente en algún escondrijo de este seco mundo, escribiendo ésto del tirón y llorando por fuera. Y que más da si con el agua de la lluvia apenas se aprecia. Borro todas las marcas, sonrío y sálvame.

miércoles, 18 de junio de 2014

"Digamos que he intentado tejer la lana que tenía pero que nunca he sabido tejer"

A falta de inspiración y de todo... Está aquella persona que siempre esta recordándome que la patata no se puede poseer, que no podemos ser poseídas, aquella que se ríe de todo y de todos y que le da igual lo que le digan; habla de avispas con total naturalidad, y siempre tendremos buenísimas conversaciones que desvarían con buena música de fondo y unas cervezas de por medio. A ti, muchísimas gracias por ser tan jodidamente imperfecta (como tú dices). Ahí va su cuento del día: 

"Había una vez, un espejo muy grande situado detrás de una cascada que había en un escarpado monte alejado de la ciudad. Cuando Rebeca paseaba por su ciudad, miraba a lo lejos, tras la valla que impedía que los peligros acecharan la ciudad y observaba el río que bajaba con una enorme fuerza por la ladera de la montaña. Un día, que era muy especial para Rebeca porque le dirían qué camino debía seguir para continuar su futuro, muerta de miedo, buscó alrededor de toda la valla bien temprano y encontró un hueco por donde escapar. Corrió y corrió como alma que lleva el diablo siguiendo el curso del río hasta que llegó a la cascada. Allí paró y se tomó un baño mientras comenzaba a amanecer. Entonces, los primeros rayos de la mañana la cegaron y al girar la cara descubrió cómo un rayo rebotaba en la cascada y era devuelto al lago.Rebeca decidió investigar cómo podía suceder ese extraño fenómeno y descubrió una enorme caverna detrás de la cascada pero no era de piedra sino de pequeñas piedras que la reflejaban, pequeños espejos que componían una enorme imagen de ella con el reflejo de las aguas en constante movimiento.Se miraba en los espejos, era una chica hermosa, con ojos en los que tomarse unas buenas vacaciones, con una melena capaz de devolver la respiración a alguien, feroz y llena de vida como una selva y con pequeñas hojas de la carrera que se había pegado. Encontró rasguños en sus manos y piernas y sus ropas rasgadas por las ramas de los árboles y pensó que esa era la mejor imagen de ella misma, salvaje y libreEntonces, la persona de al otro lado parpadeó un instante después que Rebeca. Ella se asustó y se dirigió a un espejo más grande donde podía reflejarse entera y al tocar el espejo, su reflejo reaccionó al contacto y apartó la mano. Rebeca quedó patidifusa, no sentía miedo e hizo lo primero que se le ocurrió: "Hola", se dijo a sí misma pero al otro lado. Era una sensación rara hablar con una misma pero diferente, debía ser como hablar con un gemelo. Entonces el reflejo estiró la mano con valentía y salió del espejo para agarrar la mano de Rebeca y la empujó hacia el otro lado del cristal.Rebeca entonces apareció en la misma caverna pero desde distinto punto de vista y al girarse, no encontró su reflejo, se había fundido con la otra ella. Salió de la caverna y vio brillar la luna llena en su cabeza. Enorme, se reflejaba en las aguas. Desde lo alto de la montaña pensó que podría ver el reflejo de su ciudad pero allí no había nada más que otra montaña con pequeños agujeros y bajó corriendo por ella.Cuando llegó, descubrió que eran pequeñas casitas de las que salían los reflejos de sus vecinos del otro lado. Allí todo era perfecto, comían de su tierra y cuidaban de lo que les rodeabaLa gente hacía lo que guiaba a sus instintos, encontró a adultos jugando en columpios de madera, a dos jóvenes practicando sexo en un banco del parque, a una niña trepando por un árbol enorme mientras observaba un grupo de toda clase de personas tocando con toda clase de instrumentos melodías increíbles, llenas de vida que invitaban a bailar y saltar por todo el prado y así lo hizo, Rebeca comenzó a bailar y a tararear esa bella música, girando y saltando por el prado hasta que de pronto cayó rodando y comenzó a reír. Un grupo de personas la observaron y rieron con ella, estaban llenos de pájaros preciosos en los hombros a los que daban de comer.Entonces, Rebeca se dio cuenta de que nunca había tocado un pájaro y le preguntó a un chico si podía acariciarle. Su tacto era suave y ella quedó prendada del pajarito y su sonido. Se dio cuenta de que absolutamente todos los sonidos estaban acompasados, cerró los ojos y abrió el corazón y las orejas. Escuchaba cada trino, cada ladrido, cada nota de una flauta, cada voz, cada canción, cada ráfaga de viento y cada gota de la lejana cascada formaban la sintonía de le felicidad.Recordó entonces la cascada, los espejos y su verdadera casa y corrió colina arriba al pensar que había dejado a su familia en el día más importante de su vida. Era precioso ese lugar, lleno de magia y música pero su deber estaba al otro lado. Entonces pensó "¿mi deber está en lo que me digan cuatro desconocidos? mi deber está en mi corazón y mi corazón está en contra de esos cabronazos pero si me quedo aquí a disfutar, no me hace mejor persona que ellos, debo volver pero para cambiarlo todo, para elegir yo el camino por el que andemos mis seres queridos y yo" y volvió, cruzó la cascada, el espejo y se giró a ver a su otra yo, que tenía una sonrisa radiante y que susurraba "ánimo" con la mirada. Cruzó de nuevo la cascada y nadó río abajo hasta su ciudad. Entonces entró por el mismo agujero justo cuando la llamaban y apartando gente llegó hasta el triángulo donde le dirían qué función tenía en la vida a partir de ahora pero ella siguió adelante, cogió una pequeña piedra y la lanzó contra el ojo el primer cabrón que vio, agarró su micrófono y gritó "OS ESPERO AL OTRO LADO" The end, bitch (debería estar estudiando)"

martes, 17 de junio de 2014

"You mean the world to me"

Tan destructivas y a la vez nos necesitamos tanto. Nunca podré imaginar lo que dependemos de ese dolor, quizá son nuestros conocimientos sobre nuestra mierda de existencia y nuestros miedos los que nos mantienen juntas. De todos modos, a veces resulta imposible soportarnos, imposible seguir diciendo aquello que nos consume cuando lo sabemos de sobra. Para qué decir lo mismo de siempre si no hay solución alguna (o quizá sí, quiero pensar que sí), pero somos tan sumamente masoquistas que dependemos tanto del dolor que nos producen como una de la otra. Y quizá sea esa línea invisible la que nos une, esa que con mirarnos a la cara o con escuchar nuestro tono de voz sabe que algo no va bien, que pasa algo y que quizá no pueda solucionarse con un par de cervezas, música o chuches que amainen el dolor, pero sí ayudan a soportarlo. A pesar de estar cayéndome o a pesar de que todo a mi alrededor esté destruido y yo sea la causante, sé que estamos aquí y ahora y te necesito; a infinitos kilómetros y te necesito; a milímetros en un abracito y te necesito. Y que sea donde sea, y aunque todo de mí te diga que me repudia todo lo que me rodea hasta tú... I need you. 

domingo, 15 de junio de 2014

Odio que todo lo que escriba sea una mierda que no refleje nada de lo que siento. Odio intentar hacerlo y que no salga nada. Y odio que me venga la inspiración en momentos que no toca y no poder escribirlo.

Somos la escoria encerrados en nosotros mismos.

Y quizá me despertaron las pesadillas que ahora son rutina en mi vida o quizá es mi consciencia la que no me deja dormir. De todos modos, aquí estoy con el pulso acelerado, la piel de gallina y lágrimas en los ojos. Ojalá fuesen lágrimas cargadas de odio o de amor, serían más fáciles de soportar, más fáciles de disimular con una sonrisa. Cómo se puede sonreír a algo que te ha dejado tan vacía, tan desgastada. Nada merece la pena, porque todo el esfuerzo puesto era en vano. Realmente, no sé de qué me estoy quejando, si en el fondo de mi ser ya sabía que aquello era algo más que imposible. Ojalá hubiese encontrado durante este arduo camino un poco de la confianza que tanto escasea... 
Ojalá este texto no se llenase de arrepentimiento, pero qué más puede quedarme si me siento completamente desgastada. Inspiro, expiro. Oscuridad y un par de sueños rotos para añadir a aquel álbum donde los colecciono. Y qué más da si volveré a encontrar otros que los reemplacen; qué importa quitarse la piel a tiras si luego volverá a rejuvenecer más bella y sana que antes, más experimentada y más armada contra aquellos que quieren hacerte daño. 
Ojalá este texto no diese la misma pena que yo siento al pensar sobre mí misma, y ojalá no provocase compasión. Porque seré clara, no la necesito. Está claro que digan lo que digan me va a dar igual. Ante todo he aprendido a renacer de mis cenizas y al igual que ardo con toda mi vida hasta descomponerme, resurjo de mi propio dolor. Esto no podrá conmigo y no necesito nada de nadie para volver a emprender el vuelo. 



lunes, 9 de junio de 2014

Querido Don Nadie: 
Llevo demasiados días sin escribir que ya perdí la cuenta de ellos. Y sinceramente ésto me esta consumiendo.

martes, 3 de junio de 2014

Donde duela, inspira.

Hay un miedo que no puedo calmar, siempre intento evitarlo, y es el miedo a perder a aquellas personas que tengo. Supongo que es algo a lo que estamos expuestos todos, y nunca llegaremos a superar la pérdida de un ser querido... 
Cuando era pequeña, mi padre me explicaba que la vida es un tren con tantos vagones como quisiéramos o nos permitieran tener. Y que cada día que íbamos creciendo nuestro asiento iba cambiando, como la vida. Así como también solíamos cambiarnos de vagón en cada una de nuestras etapas. 

El otro día soñé que estaba en una estación, supongo que habrá terminado una etapa de mi vida y empezará otra, por tanto me tocaba cambiar de vagón. Pero, cuando entraba al tren me daba cuenta de que ese vagón no me pertenecía: allí se encontraban personas de cara curtida, miradas que desprendían sabiduría, dolor y amor, experiencia aprendida con el paso del tiempo y de tantos golpes... También habían personas no tan mayores, personas que se les notaba débiles, incapaces de afrontar el devenir del mundo... Había muchas personas, pero todas tenían en común un objetivo: y es que ya no les quedaban objetivos por los que seguir adelante. Estaban cansados, bien por ellos mismo o bien la vida los había destrozado tanto que eran incapaces de poder seguir. No había ningún atisbo de vitalidad, de luchar contra la vida y los obstáculos que se nos cruzan en nuestro camino. Estas personas iban a ningún lugar, en un vagón que no tenía un destino concreto, pero sí un mismo final. El final de todo. El punto final. Para dar paso al comienzo de otro. 
Me sentía triste, porque esa tristeza suya me contagiaba, me inundaba las ideas y las ganas de salir de ahí. Por lo que decidí sentarme en un de los asientos y aclarar mis ideas. '¿Por qué estaba yo ahí metida?' pensaba. Entonces, una mujer mayor con un vestido rosa palo a conjunto con su bolso y su sombrero, se sentó junto a mí y me advirtió de que este no era mi lugar, que debería de haberme confundido pero que aquí no estaba lo que yo buscaba. Mi vida debía de continuar. 
Entonces una llama prendió en mi interior, aquella señora tenía razón: yo no debería estar ahí, aún no me tocaba y si había escogido este vagón sería por otras razones. Harta de respirar aquel aire paralítico, me bajé en la siguiente estación. Allí se encontraba una persona muy querida y apreciada para mí, un señor muy sabio: mi padre. Que me dijo que volviese a entrar a ese vagón; sorprendida le pregunté por qué debía de hacerlo, si no había nada que me atase a él. Y su respuesta fue muy directa: mi abuelo se encontraba en aquel vagón, y no le quedaba mucho tiempo. Por tanto esta era la última oportunidad que tenía para despedirme de él. 
Sin pensarlo, subí corriendo, justo en el último segundo antes de que el tren continuara con su trayecto hacia la nueva vida. Es irónico ver como el tiempo nunca se detiene mientras nosotros nos consumimos en él. Pero algo había cambiando en aquel ambiente, ahora que el tren se encontraba más cerca del final la gente estaba consumida por el miedo: el miedo a lo desconocido, y la impotencia que produce ver como se te escapa la vida entre los dedos, como no te das cuenta que de un día a otro ya has terminado tu viaje. Aquel lleno de peripecias que creías que nunca iba a terminar. En fin. Había gente desesperada o otras que se enfrentaban a su destino como campeones que habían sido a lo largo de su vida. Recuerdo que un hombre joven, gritaba desesperado e intentó robarme el bolso, como si en su contenido fuese a encontrar una solución a su respuesta. Cuando yo en mi bolso sólo llevaba unas llaves y un libro: Hamlet. 
Busqué desesperada por el vagón en busca de mi abuelo, pero sin éxito. A cada segundo que pasaba el tren iba más y más deprisa como si la velocidad aumentase en relación a la desesperación de las personas que había allí. El final estaba cerca y yo no encontraba aquel rostro tan reconocible para mí, aquel que me había enseñado desde mi infancia que la vida es dura, pero que merece la pena sufrir por ella. La señora del vestido y bolso rosa, me instó a que saltase ya. El tiempo había terminado, y mi vida terminaría también si no tomaba una decisión. Como de la nada una de las ventanas selladas se abrió y tomando impulso salté hacia la estación antes de que el tren desapareciese por un túnel del que no iba a volver. Mi cuerpo rodó por el suelo, se me pelaron las rodillas, pero estaba bien. No me importaba aquello, solo tenía en mente que no había podido despedirme de mi abuelo. En mi mente no había espacio para otro pensamiento que no fuese el arrepentimiento. Me sentía egoísta, y un sabor amargo se escondía bajo mi lengua. No volvería a oír su risa nunca más, y tampoco aprendería de sus sabios consejos. Pero lo peor, es que yo también caí en la cuenta de que estaba más cerca de ese final, que el tiempo que abrumaba a cada instante que pasaba, y que en menos que lo que dura un suspiro me encontraría en la misma situación. La idea me era insoportable, el miedo de perder a alguien impensable para mi cabeza.
Al despertar, me di cuenta de que lo que realmente me sabía mal de mí misma, no era no haberme despedido de mi abuelo. Hace tiempo comprendí que lo que cuenta no es la última despedida, es más esa es la que más amargamente recuerdas, la que te provoca la culpa y el remordimiento, sino aquellas despedidas que son dignas de recordar, aquellas que te hacen sonreír al pensar en la persona a la que echas de menos. Me sabía mal sentir que él debía de cumplir con su destino, y que su destino era aquel y yo también tenía que seguir con el mío, y obviamente, no se encontraba en aquel vagón. 
No se le puede pedir a una persona que ya no le quedan motivos por los que luchar que lo siga haciendo, eso es lo realmente egoísta. Él había perdido hace ocho meses al amor de toda una vida, a su compañera de viajes, su apoyo principal. El vacío existencial que sentía su ser era insoportable para todo su sistema. Ella le daba el aire de la vida a él, representaba la alegría de la huerta para su cotidianidad, le hacía correr la sangre y llenaba su corazón de oxígeno. Todo aquello se había perdido, y qué le quedaba. Sus hijos tenían una vida propia, con familia propia, sus nietas estaban empezando a forjar su propia vida. Ya no servía para nada, y se sentía un estorbo. Había perdido la esperanza de vivir y lo peor que puede hacer una persona con tales sentimientos es seguir viviendo. Por ello, no me quedaré con la 'última' despedida, no me quedaré con un recuerdo amargo, como tampoco lloraré por desear que te quedes. No te hace feliz quedarte, no me hace egoísta desear que te marches. 
Esto se convertirá en un canto a la vida, a la mía que empieza, a la tuya que acaba para convertirse en el arte del significado vivir. De ti aprendí, y de ti seguiré aprendido de tus errores y cometiendo los míos propios. Y no podremos decir nunca que realmente te has ido, siempre podremos encontrarnos en nuestros sueños, siempre podré verte en mi reflejo, porque tú estás en mí y en todos los seres que has querido y has dejado compartir momentos buenos y malos contigo. Y a fin de cuentas eso es imposible olvidar. Te echaré de menos, no lo dudes, pero quiero ser tan fuerte como tú. Y ahora toca tomar la peor decisión: dejarte marchar. Esta es mi despedida, que como todas siempre me deja con un sabor amargo. Se valiente, se fuerte. 

sábado, 31 de mayo de 2014

Tan breve como un cigarro, pero tan pasional como su fuego.

Hace tiempo que mi acelerada respiración me impide soñar, que todas aquellas putadas de la vida dejaron de importarme al convertirse en mi propia piel calcada en un papel. Destilar tinta, el incomprendido siempre es el mejor pensador. Hace tiempo que me propuse sentir más allá del arte, más allá de una canción, más allá del rencor... mucho más allá de cualquier sentimiento.
Y en fin, primero tendré que aprender a detestarme para poder amar con pureza. Porque realmente la Libertad tal cual la expresan, se encuentra en aquellas cosas que provocan un amor puro. Aquel escondido bajo la corteza.

Sigo siendo destructiva cuando voy embriagada.

Corre por mis venas, me oprime, como si fuese algo electrizante, como una descarga: libertad. Es la libertad que mas aprecio, aquella que consigo cuando mi cuerpo está al límite. Siempre en algún extremo. Necesito sentirla casi de diario, y me odio a mí misma por reprimirla de diario. Nada comparado a mi cuerpo palpitando después de hacer deporte, después de una larga carrera, nada comparado como sentir el corazón oprimirme el pecho, la respiración agitada y los pulmones gritando por oxígeno.... Pero, no venía a hablaros de este tipo de sensación...
Dado que hoy es sábado por la tarde y yo ya tengo mono de perderme en mis propios pensamientos, me centraré en una pregunta que me hicieron, alguien que me conoce desde pequeña, que sabe lo cerrada que puedo ser para algunas cosas, algunas cosas que todo el mundo toma por malas, que quizá lo sean o no. En fin, no pretendo justificar mis actos: empecé a embriagarme desde una temprana edad, nunca he negado que no me gustase el alcohol ni la sensación que me produce. Pero ahora me gusta mirarlo desde una perspectiva distinta a la de otros años atrás... Aunque siga siendo la misma razón de todas las noches... Que por qué me gusta embriagarme y sentir que todo me da igual, pues porque son los únicos momentos en los que consigo olvidar todas aquellas cosas que me preocupan de diario, es una liberación de mi misma, dejo de pensar y solo me dejo llevar. Me da igual decir todo lo que pasa por mi mente, y me gusta sentir como todos mis sentidos están nublados, como me siento o muy pesada o muy ligera... Pero también sé que no es bueno recurrir a ello para huir de los problemas. A pesar de las sensaciones que me produce, nunca podré huir de mí misma, incluso aunque intente callar todas aquellas voces que me gritan que no estoy bien. Pero estoy un poco hasta arriba de tanta racionalidad, y de que tenga que vivir según lo que ella viva, prefiero ser un ser irracional que sufre porque por amor y por aquellas cosas típicas por las que sufre la gente... y prefiero dejarme llevar en mi propio dolor, porque hasta borracha me duele quererte, es más, cuando estoy así es cuando me salen los mejores textos, cuando mis sentimientos están a flor de piel, cuando más necesito escuchar un "te quiero" y cuando tú menos estás para compartirlos conmigo. Eso también duele. Pero estoy acostumbrada, e incluso he llegado a acostumbrarme a tu ausencia nocturna, y creo que lo prefiero. Tú nunca lo entenderías y creo que tampoco me molesta que no llegues a comprenderlo.  En fin, es pronto y yo ya quiero empezar a embriagarme y a olvidarme un poco de quien soy y de las cicatrices que llevo por dentro.

martes, 27 de mayo de 2014

'Cerrar las manos sobre un montón de aire que tampoco me pertenecía.'

Hoy he terminado un libro, en el cual ponía a prueba los miedos de la protagonista. Es algo maravilloso como entre líneas un autor te está dando su punto de vista, está denunciando alguna injusticia (o defendiéndola) o simplemente está expresando sus más bellas y horribles pasiones. Y consiguen que te lleguen a la esencia de cada uno de nosotros. A nuestro propio ser. Tras leerlo, me he puesto a recordar la cantidad de miedos que solía tener de pequeña, como poco a poco fui creciendo y superándolos, bueno... más que superarlos fui cambiando un miedo por otro, porque esto es así, nadie ni nada te va a regalar algo gratis, hasta las cosas "malas" tienen un precio, y a veces suele ser un precio demasiado alto... 
Recuerdo cuando me daba miedo la oscuridad, me daba tanto miedo que a veces cerraba muy fuerte los ojos y dejaba de respirar hasta que sentía que me dolía el pecho, y entonces concentraba toda mi atención en el dolor y me olvidaba de lo demás. Recuerdo como me sentía aliviada al sentir esa especie de dolor, como mi corazón se iba ralentizando poco a poco y como sus latidos se extendían fuertes por mi pequeña anatomía. Primero por los brazos, hasta la yema de los dedos; y después a la sien. Ese era el punto clave, ese entumecimiento me decía que tenía que volver a respirar, que era una campeona y que nadie podría hacerme daño en la oscuridad. Entonces cogía una bocanada de aire tan grande como mis pulmones me permitían, y mi el pulso de mi corazón se disparaba, trotaba por mis venas, me daba fuerte en los pulmones y me dolía la cabeza como nunca. Pero me sentía feliz, sonreía, porque cuando quería volver a pensar en la oscuridad ya estaba medio somnolienta, y ya había pasado otra noche más.  
Recuerdo que cuando fui creciendo me gustaba que llegase las noches en las que la oscuridad y yo nos encontrábamos cara a cara. Yo en mi cama, mi reino, mis normas y ella invadiendo mi cama cada vez que la puerta se cerraba. Entonces me gustaba tumbarme en la cama, aún sin deshacer, y dejar que ella me invadiese, me produjese escalofríos por todo el cuerpo y me helase los dedos de los pies. Y entonces pensaba, creaba historias en mi cabeza, historias fantásticas, ese tipo de historias de niña inocente que me inventaba para dejar de tener otros miedos. Como aquella que trataba sobre una niña que se quedaba sin casa y tenía que dormir a la intemperie en medio del monte, o aquella a la que picaba una serpiente y el veneno la mataba... Típicos miedo de un niño... Cuando ya los había superado con honor y valentía (porque sí, eran mis cuentos y yo era soberana en todos ellos) estaba lo suficientemente congelada como para taparme. Pero cuando lo hacía, el calor me molestaba, me ahogaba y agobiaba. Ahí fue cuando me di cuenta de que quizás la oscuridad no era tan mala como yo pensaba... 
Claro llegamos al punto en el que perdí un miedo, y la puta de ley de vida, llamarlo karma o como queráis, yo no le suelo llamar nada. Son las cosas que pasan porque sí, porque tienen que suceder y no hay ni habrá ninguna razón lógica que pueda justificarlas. En fin, me tocaba cambiar un miedo por otro, y claro, fue en la oscuridad cuando me encontré con mi mayor miedo: yo misma. A día de hoy todavía no lo he superado, pero sí he aprendido a combatirlo, y a convivir con él. 
Todo empezó cuando empecé a inventarme historias de un amor pre-adolescente, conforme a mi edad. Cuando empecé a plantearme aquellas cosas que piensas por aquel momento, cuando tienes ganas de comerte el mundo como si él no fuera una bolita inofensiva de dimensiones enormes. De pequeña me gustaba apretarme los ojos en la oscuridad porque podía ver colores si los cerraba muy fuertes e imaginarme cosas... Imaginar, imaginar, siempre imaginar....  Seguía haciéndolo con doce años, y todavía no he parado de hacerlo (ni pienso parar)  Pero cuando todo se volvía negro, volvían aquellos pensamientos oscuros que me hacían llorar y sentirme mal conmigo misma. Me menospreciaban y cambiaban mi comportamiento... Que cambiaban mi vida y mi persona. Y durante una larga, larguiiiiiiiiiiiiiiisima temporada lograron dominarme por completo... 
Recuerdo lo que pasó durante aquella temporada oscura. Recuerdo como el mundo al que yo estaba dispuesta a zamparme de un solo bocado me engulló cuando menos lo esperaba. Recuerdo como me encontraba, como me comparaba como una personaje de un cuento que se había caído al fango después de haber tocado el cielo... Y recuerdo como remonté, como empecé poco a poco a salir de aquel pantano enfangado y a limpiar todo la mierda que había en mí. Como poco a poco volví a encontrarme conmigo misma, como volví a retomar la lectura, las ganas de escribir, la buena música... Y sobre todo, recuerdo como me enfrenté a aquel miedo que tanto me consume: mi cabeza. 
A día de hoy seguimos en la misma línea, ella ataca y yo me defiendo. Pero he descubierto que a ambas, nos gusta este tipo de pelea. Me mantiene alerta frente a otros miedos externos, frente a otros peligros. Me gusta arder con lo que tengo, y reconstruirme en mis propias cenizas y volver a arder. Porque lo que venga de fuera no puede con ella, nadie es mejor rival que ella, que yo misma. Por eso sé que aunque aún queden restos de mis antiguos miedos, y de los miedos que ahora me invaden por las noches... Puedo solventarlos, puedo cambiarlos por otros e incluso regateo los que más me convienen. Puedo reducirme a lo mínimo si dejo que ella me domine, o puedo ser aquella niña que siempre estaba soñando con tirarse con un paraguas desde el tejado de su terraza porque soñaba con la sensación de volar, aquella que tenía sueños que aportaban color a la oscuridad. Porque estoy cansada de tener miedo. Estoy cansada de que tanta racionalidad provoque mi miedo: miedo a saltar desde un sitio alto y caerme... miedo a coger un coche y terminar echa una galleta maría... miedo a cualquier cosa que me invita a vivir. Miedo al fracaso. Hoy he decidido que prefiero ser una fracasada y disfrutar de los pequeños placeres que me hacen sentir viva. Desatarme por completo. 











lunes, 26 de mayo de 2014

'A veces sólo cojo aire y me dejo hundir.'

Y puede que a veces no necesite nada para sentirme mal, simplemente creo que no puedo escribir nada bueno que hable sobre lo feliz que soy y la suerte que tengo en mi vida. Que en verdad, debería, y soy consciente de la suerte que tengo, pero... soy una persona complicada y me gusta complicarme la existencia, a veces pienso que me gusta sentirme tan vacía como ahora. Realmente lo he puesto como un reto en mi vida, el día que acabo completamente feliz y satisfecha de mí misma es algo muy muy inusual. Pero oye, a veces pasa... y me siento tan extraña que ni me reconozco. Aprender a depender de un dolor no es tan malo, yo lo veo como mi motivo para superarme día a día. Un sueño que se rompe para volver a recomponerse más fuerte que antes (y así tener la total seguridad de saber que se va a cumplir), es una manera de saber que no va a fallar y que será impecable. Es una forma de depositar las esperanzas en algo y de ver cómo se rompe y fácilmente, como si no hubiese pasado nada, volver a empezar de cero. 
En fin y si dejamos de fingir también estaría bien, ¿pero que más da? Si todos tenéis la misma mierda que yo, pero con distinta forma, que cada uno la soporte a su manera. 

martes, 20 de mayo de 2014

'Puedo sangrar aunque por mis venas aunque por mis venas ya lo único que corra seas tú quedándote quieto en vez de buscarme.'

No sé que me duele más, el que no te hayas dado todavía cuenta de que algo no va bien, que se está rompiendo o el tener que pensar en el momento que te lo diga. Como si no nos conociésemos y supiera que va a pasar... Realmente, hoy me siento preparada para enfrentarme a todo y para susurrarte todo lo que mi mente está gritando que te diga. Me dan igual los resultados, me da igual el final. No quiero pensar en ello hasta que llegue, tampoco quiero pensar en un pasado que jamás volverá. Quiero centrarme en el ahora, y el ahora me dice que no estoy bien y que necesito que comprendas que el resto de las cosas da igual. Si dos no se aman a la vez, luego a uno se le cae el mundo entero. Y oye, que yo no quiero más que entiendas todo lo que siento, que aceptes todos los errores y que te den igual, que te de igual todo. Como a mí me da igual todo, solo por estar bien, por hacer que tú estés bien. Porque quiero que sonrías pese a cualquier cosa, y parece que tú has visto más lágrimas mías que sonrisas. Y... bueno, a mí también me daba miedo desnudarme a la luz de unos ojos distintos, pero tú te sentías maravilloso cuando me mudaba a tus cicatrices y te decía que estaría para siempre.



Esta mañana, pese a lo que me ha costado levantarme y empezar a fingir que el mundo es bello y que la humanidad es pura bondad, estaba muy ilusionada porque por fin comenzaría a leer un libro cuyo final te deja con un vacío existencial importante. Y puesto que, siento como un millón de grietas mal cosidas dentro de mí, quería volver a experimentar la sensación de sentirse vacía completamente. Por el simple motivo de disfrutarla. Y sí, es un libro que ya leí y por aquel entonces me sentía completamente llena y satisfecha; aquel final acabó con aquel estado de embriaguez en el que yo me encontraba y me hizo dar de bruces con la realidad de las cosas. Quizá lo que vaya persiguiendo ahora es la misma sensación, pero sé que en el fondo, una parte de mí quiere sentirse totalmente vacía. Es una forma de dejar de sentir. Para volver a reencontrarme conmigo misma y con todos mis sueños apartados en un cajón como si no valiesen nada. 
Total, que al volver a mi casa, me encontraba muy vacía, no existencialmente gracias al libro, sino gracias al penco que hay en la biblioteca que no tienen un tercio de los libros que les pedía. E
Ésto me ha llevado a pensar, amargamente, que en aquella biblioteca donde se "fomenta" la lectura y el "saber", solamente traen y exhiben los libros que están a la orden del día, es decir, la llamada "literatura barata" (exceptuando algunos autores del momento claro), pero es que ni esos estaban ahí. '¿Son aquellos libros los que llenan a la gente?', me he preguntado. Debe de ser que sí. Y claro, luego comprendí que frente una sociedad (sobre todo el pequeño grupo social que forma mi localidad) que están acostumbrados a que otro piense y viva por ellos, y que siguen todos y cada uno de los roles que les dictan. Hablando en plata, que carecen de algo propio. No se iban a molestar en buscar algo que les cambiara la forma de ver el mundo, o algo que les hiciese sentir vivos. En fin. No quiero seguir hablando de ésto, bueno en realidad no quiero seguir hablando de nada. 

"No sé si mentirte bien o besarte la boca agarrándome a la vida"

Seguramente ya conozcáis está sensación de abismo que uno siente sobre su propio corazón. Yo me estoy ahogando en el mar de los sentimientos donde antes nadaba tan tranquilamente. Aún así, a pesar del dolor, no puedo odiar esta sensación. Ya no puedo llorar, y tampoco quiero recordar cuáles pensamientos tengo que rebuscar por mi mente para comenzar a hacerlo. Pero tampoco odio no poder desahogarme, ni siquiera escribiendo siento que destilo todo el dolor que llevo dentro. Ese dolor no quiere salir, y aunque lo intento, no lo hace. No puedo odiarlo, porque pierdo el sentido por el causante de este dolor.
Mi problema está en que a falta de odiar a los demás, primero me odiaré a mí misma, porque sí. No me importa admitirlo, y tampoco quiero cambiarlo. Seguramente penséis que o me pasa algo grave o soy tonta... Ni una ni la otra cosa, ¿por qué tengo que odiar a los demás que me hacen daño? Es sencillo, buscáis el dolor ajeno porque no podéis soportar el dolor propio, y eso os ayuda a sentiros mejor. Pero luego, al volver a casa no queréis estar a solas con vuestros pensamientos, porque vuestro propio odio y vuestros pensamientos destructivos os cortan la respiración. ¿Por qué tengo yo que fomentar eso? Sois vosotros vuestros propios enemigos, y yo no quiero ser partícipe de ello.
Aunque duela, aunque ahora mismo odie todo lo que estoy escribiendo porque no me ayuda a sacar todo lo que mi mente está gritándome... Puedo llevarlo, y puedo soportarlo, como muchas otras veces he hecho. Este dolor no es ningún enemigo al que tenga que odiar.

lunes, 19 de mayo de 2014

La lluvia me incita a saltar.




Mira, está bien seamos racionales, estamos aquí y estamos jodidos. Ya no hay más camino por andar, esto es la cima y solo tenemos dos opciones: o nos tiramos o nos volvemos. ¿Pero sabes qué? No puedo, no puedo ser racional. Durante todo este largo tramo hasta la cima de nuestro sueño, he disfrutado con cualquier cosa que la naturaleza ha creado, con el verdadero arte de la vida.
Al principio del camino, en el pie de la montaña, sentía miedo. Recuerdo que el sol acababa de esconderse y el frío de la noche llegaba poco a poco y nos envolvía, haciendo de nuestra piel algo áspero, nos agrietaba los labios y mi pelo estaba enredado alrededor de mi rostro. Pero no importaba, nada de eso importaba, ahí estaban las mariposas de mi estómago dándome calor, y tu mirada tímida con esa sonrisa medio torcida invitándome a subir, a comenzar.
El tiempo cambió, y se puso de nuestra parte. Nosotros también cambiamos, aprendimos a correr juntos de la mano, a atravesar aquellos pequeños baches que nos iban saliendo. Aprendimos a ser una misma persona. Y aprendí a ver el arte de las cosas, pero, sobre todo, aprendí a sentir. A vivir. Nunca creí que la humanidad pudiese tener algo bueno, algo mágico. Excepto tú. Durante nuestra larga y agotadora subida, pude sentirme infinita. Sentía el viento chocar contra las copas de los árboles, crear formas con ellos, abrazarlos y besarlos. Tal como tú y yo nos perdíamos entre nuestros brazos. Sentía el calor del suelo, en la corteza de los árboles tan expuestos a los rayos del sol, como yo estaba expuesta a tus manos, quemando cada trozo de mi piel que tocaba, y dejando marcas imborrables con el tiempo. Me sentí aire que podía emprender el vuelo a cada instante, que podía ir y volver al mismo sitio en segundos, porque tú estabas conmigo. Me sentía luz, capaz de calentar cualquier lugar frío, sólo bastaba que nuestros cuerpos desnudos se deshicieran con el fuego que les consumía. Me sentía lluvia que caía constantemente sobre aquella tierra seca y que tanto la necesitaba, como yo te necesito a ti para respirar. Porque éramos uno, y podíamos ser cualquier cosa que nos propusiéramos juntos. Porque nadie podía con nosotros, porque nada podía conmigo si sabía que cuando miraba a mi lado ahí estabas tú con tu sonrisa y tu jodida y preciosa mirada color verde y marrón, el color de la vida. El color que me da la vida.
Pero pasamos por alto una cosa, una cosa con la que yo no contaba. Dejamos de contar con el mundo racional y creamos nuestro propio mundo. Bueno mejor dicho, dejé de contar con la realidad. Iba muy en serio cuando dije que me olvidaba del resto de la humanidad opresiva por estar esos efímeros momentos contigo. Pero tú no lo llegaste a olvidar, y la realidad se dio de bruces con todo mi mundo de sueños, con todo mi mundo de irracionalidades.
Y mira, aquí estamos otra vez, en lo alto de la cima. Yo queriendo alcanzar el universo y comérmelo y tú queriendo quedarte con los pies sobre el suelo. Quizá tu opción sea la más correcta. Pero me está consumiendo y no sabes hasta cuantos niveles. No puedo seguir viviendo y soñando si tú no me acompañas en el viaje. No quiero racionalidades, quiero que aprendas a dejarte llevar, a sentir que podemos ser infinitos, que podemos volver a la realidad siempre que queramos. Pero no me ames racionalmente, porque eso nunca fue amar. No me ames pensando en el resto del mundo. Quiero ser tu único mundo, algo infinito. Quiero que pierdas la consciencia por todo lo que a mí me envuelva. Y sí, soy exigente, porque llevo demasiado tiempo vaciando todo mi ser en el tuyo, y tú cual tierra solo absorbes, pero no me das la suficiente vida para poder mantenerme sobre mis pies. Y este sentimiento me está desgarrando por dentro.

El tiempo también ha cambiado, han vuelto otra vez las lluvias y ahora penetran fuertemente por mi cuerpo, me inundan el alma y me impiden respirar. Y yo, que ya no puedo dar más de mí ahí estoy al borde del precipicio con mi dolor. Porque ya no tengo nada claro, ya no quiero comerme el universo, no satisface mis ansias de libertad. Éstas, a su vez, están desapareciendo. Y parece que tú todavía no te das cuenta. Que la sonrisa que hay en mi rostro es más falsa que la luna que nos sonríe mientras nos está mirando. A penas siento fuerzas para seguir. Y aún tengo la esperanza de que abras de verdad los ojos, que dejes tu racionalidad a un lado y que mires a la persona que te ha estado acompañando durante todo este camino, y lo mucho que te ha amado. Y, ¿sabes qué? Estamos en el borde, y la lluvia me incita a dejarme caer. Tienes dos opciones: quédate o ven conmigo y no pienses un por qué, solo hazlo.  

viernes, 16 de mayo de 2014

El incomprendido siempre es el mejor pensador.

Frente a mi pesimismo, frente a mis pocas ganas de encontrar algo que me motive. Frente a todos los frentes que yo misma me impongo. También quiero pensar que ésto cambiará, que aprenderé a aceptadme y que algún día encontraré esa libertad y esa sensación de volar por algún sitio. 
Siempre encuentro esperanzas cuando viajo a aquellos parámetros, paralelos a la realidad, que es donde me encuentro realmente bien. Aquel lugar donde solo me importan mis  apetitos  y deseos. Aquel lugar imaginario. Y a veces, cuando me siento tan mierda como hoy. Cuando soy consciente de que soy alguien que rompe todo lo que se le acerca. Me gusta pensar que también hay salvación en mí, como muchas otras personas han salido de mierdas peores. Por ello me gusta pensar que esas libertades sí existen. Pero, en fin, ya me dedicaré a indagarlas, por ahora no tengo ganas y estoy cansada de todo y de nada a la vez. Qué dilema. Me siento muy estúpida por hablar de cosas como ésto. Ni me sale escribir y formas frases coherentes. Creo que lo mejor será embriagarse, para .... bueno, no quiero que sea por alguna necesidad en concreto. Voy a embriagarme, porque lo necesito . 
Hace tiempo que mi acelerada respiración me impide soñar. Que todas aquellas putadas que ocurrieron vuelven a mi mente una y otra vez. Que no me siento capaz de olvidar. Que creía que sí, cuando realmente no soy capa. Que eres tú quien está pagando los platos sucios. Y que, obviamente no te lo mereces. Pero... egoístamente necesito que estés a la altura. Necesito ver en ti otras necesidades más fuertes. 
Hace tiempo que descubrí que sólamente soy un deshecho más que la sociedad ha creado. Que no paro de predicar que tengo libertad. Que en mi vida puedo sentirme libre mediante el arte. Pero es que ni el arte puede salvarme de mí misma. Soy un ser roto, y por consecuencia, todo lo que toco acaba roto. Y ese es tú triste final, ya te lo aveciné y lo seguiré haciendo, hasta que te quieras dar cuenta, pero para entonces ya será demasiado tarde. 
Hace tiempo que dejaron de importarme las artes, que escribir se convirtió en un mero de limpiar un poco las cicatrices que llevo dentro, aunque sea por un efímero instante. 
Hace tiempo que me prohibí sentir nada de alegría, quizá porque me he acostumbrado tanto a este dolor que ahora mismo soy dependiente de él. Quizá incluso me guste. Soy muy complicada y contradictoria. 
Hace tiempo que dejé de creer en mí misma, '¿para qué?' me pregunto, si no sirve para nada. Aunque a veces intento pensar que soy una persona normal con un nivel alto de egoísmo e intento pasar por alguien que se cree que se puede comer el mundo. Aunque realmente sea él quien me coma a mí cada día. Y ¿para qué? Si eso solo me recuerda lo mísera que puedo llegar a ser. Si no hay nada que pueda ayudarme. Yo soy mi primer enemigo, y yo misma me impido disfrutar, me impido ser un ser libre. Me he creado como un juguete más en este mundo. Me he desquitado de aquello que podría haberme hecho muy feliz, y ¿para qué? Pues ahora no lo recuerdo, supongo que siempre quise ser aceptada en un ambiente del que no podía escapar (aunque nunca lo conseguí). 
Pero eso ahora ya no importa, me he acostumbrado a ello, es más, me gusta ser así. Y ya no me importa sentir. 

Soy yo una cárcel para mí misma y mi propia perdición.

martes, 29 de abril de 2014

Comencemos la noche con un "me da igual"





Quizá será mi tarde intensiva de estudio, o quizá realmente sea parte de la ideología amorfa y abstracta que se ha ido formando y haciendo a mi propio ser. Como cualquiera que se crea creador de las letras, destilador de versos y un poco egocéntrico, cree que es original e único en este mundo que poco le comprende. Este mundo que va en contra de su propia vida, pues todo confluye para que se sienta rodeado de la peor y maloliente mierda. Consiguiendo que su vida sea cada vez miserable y penosa. Sí, a veces mi vida también es así. Si a veces yo también me considero algo egocéntrica (y mira que es difícil para mí, que carezco de ego afirmarlo), pero supongo que ésto será un punto contradictorio que sufre cualquier autor antiheróico y complejo.

Quizá mi existencia no sea más que una más entre la inmensa y deplorable multitud de personas que habitan este mundo (quien quiera darse por aludido le invito a que deje cualquier comentario), pero a mí me gusta que creer que es especial, que mis sueños, entre los sueños de millones de personas, saldrán adelante, ¿por qué? Obviamente, porque me los merezco al igual que cada uno podrá creer que se merece los suyos propios. Por ello, desde aquí te invito a que sigas tus sueños y aspiraciones hasta el final, que te agarres a ellos y que te sirvan para luchar y para mantenerte en pie cuando todo opere en contra de tu existencia. 

Quizá, al ser alguien tan contradictorio y con cierta características bipolares, no pueda nunca no amar a la nada ni conocer un punto medio entre el amor y el odio o encontrar algún motivo de rencor en mi vida para no olvidar aquellas cosas que me hicieron daño, y a la vez más fuerte y determinante, pero al vivir en un constante 'me dan igual ese tipo de aspectos' me meta más hostias de las que me toquen... 

Quizá el mundo no sea nunca mía (tampoco pretendo eso, qué responsabilidad más enorme), quizá su esencia nunca llegue a ser conocida o quizá nunca aprenda a encontrar un punto medio en mi alocada vida, pero a mí me gusta pensar que sí son posibles aquellas que la gente común da por hecho. 

lunes, 28 de abril de 2014

Comencemos la noche con un "me da igual" como respuesta para todo.
Quizá tanta indiferencia sea el remedio para ello. El remedio para el dolor, un largo y prolongado "me da igual" como solución a mi patética vida. Quizá no sea necesario preocuparse por todas aquellas cosas que tanto me quitan el sueño. Será como un largo y melancólico placebo que me ayude a creer que realmente las cosas ya no me hacen daño. Mi vida no me hace daño y, sobre todo, mi cabeza ya no me hace daño. Será una forma de mantenerme engañada durante un indeterminado tiempo. No quiero pensar cuánto, me da igual.