Estamos tan equivocados que pensamos que el olvido no se piensa; y pensamos en olvidar.
Parar y respirar el aire de noviembre. Y esperar.
Las hojas de los árboles continúan verdes en otoño. Mis sentimientos buscaban recomponerse entre el crujido de unas suelas rotas contra unas hojas más muertas que vivas. Solo queda nostalgia entre un cuerpo frío y un hemisferio que parece que se niega a congelarse.
Otoño no quiere tocar a mi ventana este año, y no le culpo. Está cansado de morir por una primavera que jamás le corresponderá.
No hay nada más triste que pasar por alto los pequeños detalles que nos rodean para vivir en un universo roto.
Quizá deberíamos de olvidar esa puta tendencia humana de mirar lo que tenemos delante para reflexionar lo que está a nuestro lado. Y no perderlo.
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