miércoles, 8 de julio de 2015

A veces es necesario ahogarse.

¿Qué ocurre si cambiamos las reglas del juego? Si dejamos de perdernos a nosotros mismos en lugar de malgastar todas nuestras fuerzas en no perder la espenza. 
Por mí pueden joderle bien fuerte. 
Estoy harta de perderme a mí misma por un puñado de falsas expectativas. 
Cansada de destrozarme entre promesas a medias, cafés para dos más fríos que calientes, un par decigarros a medias.
Evito los te quieros falsos que en vez de sanarme me matan, y grito hasta quedarme afónica lo mucho que me quiero (¿Y lo revitalitante que suena?) 
Me deshago de las personas que tienen más mentiras que verdades que contar; vended vuestra literatura barata a quien la quiera. Al menos si tengo que estar ciega no será por vosotros, sino por mí misma y toda la caótica existencia que me rodea. 
Olvido las falsas creencias, dejo de renunciar quién soy. Dejo de renunciar a mí misma. Y vuelvo a escupiros lo mucho que me quiero. 
Me rearfirmo de todas aquellas veces en las que, intentando buscar no perder, terminé totalmente perdida. 
Lo último que voy a perder será a mí misma.