sábado, 31 de mayo de 2014

Tan breve como un cigarro, pero tan pasional como su fuego.

Hace tiempo que mi acelerada respiración me impide soñar, que todas aquellas putadas de la vida dejaron de importarme al convertirse en mi propia piel calcada en un papel. Destilar tinta, el incomprendido siempre es el mejor pensador. Hace tiempo que me propuse sentir más allá del arte, más allá de una canción, más allá del rencor... mucho más allá de cualquier sentimiento.
Y en fin, primero tendré que aprender a detestarme para poder amar con pureza. Porque realmente la Libertad tal cual la expresan, se encuentra en aquellas cosas que provocan un amor puro. Aquel escondido bajo la corteza.

Sigo siendo destructiva cuando voy embriagada.

Corre por mis venas, me oprime, como si fuese algo electrizante, como una descarga: libertad. Es la libertad que mas aprecio, aquella que consigo cuando mi cuerpo está al límite. Siempre en algún extremo. Necesito sentirla casi de diario, y me odio a mí misma por reprimirla de diario. Nada comparado a mi cuerpo palpitando después de hacer deporte, después de una larga carrera, nada comparado como sentir el corazón oprimirme el pecho, la respiración agitada y los pulmones gritando por oxígeno.... Pero, no venía a hablaros de este tipo de sensación...
Dado que hoy es sábado por la tarde y yo ya tengo mono de perderme en mis propios pensamientos, me centraré en una pregunta que me hicieron, alguien que me conoce desde pequeña, que sabe lo cerrada que puedo ser para algunas cosas, algunas cosas que todo el mundo toma por malas, que quizá lo sean o no. En fin, no pretendo justificar mis actos: empecé a embriagarme desde una temprana edad, nunca he negado que no me gustase el alcohol ni la sensación que me produce. Pero ahora me gusta mirarlo desde una perspectiva distinta a la de otros años atrás... Aunque siga siendo la misma razón de todas las noches... Que por qué me gusta embriagarme y sentir que todo me da igual, pues porque son los únicos momentos en los que consigo olvidar todas aquellas cosas que me preocupan de diario, es una liberación de mi misma, dejo de pensar y solo me dejo llevar. Me da igual decir todo lo que pasa por mi mente, y me gusta sentir como todos mis sentidos están nublados, como me siento o muy pesada o muy ligera... Pero también sé que no es bueno recurrir a ello para huir de los problemas. A pesar de las sensaciones que me produce, nunca podré huir de mí misma, incluso aunque intente callar todas aquellas voces que me gritan que no estoy bien. Pero estoy un poco hasta arriba de tanta racionalidad, y de que tenga que vivir según lo que ella viva, prefiero ser un ser irracional que sufre porque por amor y por aquellas cosas típicas por las que sufre la gente... y prefiero dejarme llevar en mi propio dolor, porque hasta borracha me duele quererte, es más, cuando estoy así es cuando me salen los mejores textos, cuando mis sentimientos están a flor de piel, cuando más necesito escuchar un "te quiero" y cuando tú menos estás para compartirlos conmigo. Eso también duele. Pero estoy acostumbrada, e incluso he llegado a acostumbrarme a tu ausencia nocturna, y creo que lo prefiero. Tú nunca lo entenderías y creo que tampoco me molesta que no llegues a comprenderlo.  En fin, es pronto y yo ya quiero empezar a embriagarme y a olvidarme un poco de quien soy y de las cicatrices que llevo por dentro.

martes, 27 de mayo de 2014

'Cerrar las manos sobre un montón de aire que tampoco me pertenecía.'

Hoy he terminado un libro, en el cual ponía a prueba los miedos de la protagonista. Es algo maravilloso como entre líneas un autor te está dando su punto de vista, está denunciando alguna injusticia (o defendiéndola) o simplemente está expresando sus más bellas y horribles pasiones. Y consiguen que te lleguen a la esencia de cada uno de nosotros. A nuestro propio ser. Tras leerlo, me he puesto a recordar la cantidad de miedos que solía tener de pequeña, como poco a poco fui creciendo y superándolos, bueno... más que superarlos fui cambiando un miedo por otro, porque esto es así, nadie ni nada te va a regalar algo gratis, hasta las cosas "malas" tienen un precio, y a veces suele ser un precio demasiado alto... 
Recuerdo cuando me daba miedo la oscuridad, me daba tanto miedo que a veces cerraba muy fuerte los ojos y dejaba de respirar hasta que sentía que me dolía el pecho, y entonces concentraba toda mi atención en el dolor y me olvidaba de lo demás. Recuerdo como me sentía aliviada al sentir esa especie de dolor, como mi corazón se iba ralentizando poco a poco y como sus latidos se extendían fuertes por mi pequeña anatomía. Primero por los brazos, hasta la yema de los dedos; y después a la sien. Ese era el punto clave, ese entumecimiento me decía que tenía que volver a respirar, que era una campeona y que nadie podría hacerme daño en la oscuridad. Entonces cogía una bocanada de aire tan grande como mis pulmones me permitían, y mi el pulso de mi corazón se disparaba, trotaba por mis venas, me daba fuerte en los pulmones y me dolía la cabeza como nunca. Pero me sentía feliz, sonreía, porque cuando quería volver a pensar en la oscuridad ya estaba medio somnolienta, y ya había pasado otra noche más.  
Recuerdo que cuando fui creciendo me gustaba que llegase las noches en las que la oscuridad y yo nos encontrábamos cara a cara. Yo en mi cama, mi reino, mis normas y ella invadiendo mi cama cada vez que la puerta se cerraba. Entonces me gustaba tumbarme en la cama, aún sin deshacer, y dejar que ella me invadiese, me produjese escalofríos por todo el cuerpo y me helase los dedos de los pies. Y entonces pensaba, creaba historias en mi cabeza, historias fantásticas, ese tipo de historias de niña inocente que me inventaba para dejar de tener otros miedos. Como aquella que trataba sobre una niña que se quedaba sin casa y tenía que dormir a la intemperie en medio del monte, o aquella a la que picaba una serpiente y el veneno la mataba... Típicos miedo de un niño... Cuando ya los había superado con honor y valentía (porque sí, eran mis cuentos y yo era soberana en todos ellos) estaba lo suficientemente congelada como para taparme. Pero cuando lo hacía, el calor me molestaba, me ahogaba y agobiaba. Ahí fue cuando me di cuenta de que quizás la oscuridad no era tan mala como yo pensaba... 
Claro llegamos al punto en el que perdí un miedo, y la puta de ley de vida, llamarlo karma o como queráis, yo no le suelo llamar nada. Son las cosas que pasan porque sí, porque tienen que suceder y no hay ni habrá ninguna razón lógica que pueda justificarlas. En fin, me tocaba cambiar un miedo por otro, y claro, fue en la oscuridad cuando me encontré con mi mayor miedo: yo misma. A día de hoy todavía no lo he superado, pero sí he aprendido a combatirlo, y a convivir con él. 
Todo empezó cuando empecé a inventarme historias de un amor pre-adolescente, conforme a mi edad. Cuando empecé a plantearme aquellas cosas que piensas por aquel momento, cuando tienes ganas de comerte el mundo como si él no fuera una bolita inofensiva de dimensiones enormes. De pequeña me gustaba apretarme los ojos en la oscuridad porque podía ver colores si los cerraba muy fuertes e imaginarme cosas... Imaginar, imaginar, siempre imaginar....  Seguía haciéndolo con doce años, y todavía no he parado de hacerlo (ni pienso parar)  Pero cuando todo se volvía negro, volvían aquellos pensamientos oscuros que me hacían llorar y sentirme mal conmigo misma. Me menospreciaban y cambiaban mi comportamiento... Que cambiaban mi vida y mi persona. Y durante una larga, larguiiiiiiiiiiiiiiisima temporada lograron dominarme por completo... 
Recuerdo lo que pasó durante aquella temporada oscura. Recuerdo como el mundo al que yo estaba dispuesta a zamparme de un solo bocado me engulló cuando menos lo esperaba. Recuerdo como me encontraba, como me comparaba como una personaje de un cuento que se había caído al fango después de haber tocado el cielo... Y recuerdo como remonté, como empecé poco a poco a salir de aquel pantano enfangado y a limpiar todo la mierda que había en mí. Como poco a poco volví a encontrarme conmigo misma, como volví a retomar la lectura, las ganas de escribir, la buena música... Y sobre todo, recuerdo como me enfrenté a aquel miedo que tanto me consume: mi cabeza. 
A día de hoy seguimos en la misma línea, ella ataca y yo me defiendo. Pero he descubierto que a ambas, nos gusta este tipo de pelea. Me mantiene alerta frente a otros miedos externos, frente a otros peligros. Me gusta arder con lo que tengo, y reconstruirme en mis propias cenizas y volver a arder. Porque lo que venga de fuera no puede con ella, nadie es mejor rival que ella, que yo misma. Por eso sé que aunque aún queden restos de mis antiguos miedos, y de los miedos que ahora me invaden por las noches... Puedo solventarlos, puedo cambiarlos por otros e incluso regateo los que más me convienen. Puedo reducirme a lo mínimo si dejo que ella me domine, o puedo ser aquella niña que siempre estaba soñando con tirarse con un paraguas desde el tejado de su terraza porque soñaba con la sensación de volar, aquella que tenía sueños que aportaban color a la oscuridad. Porque estoy cansada de tener miedo. Estoy cansada de que tanta racionalidad provoque mi miedo: miedo a saltar desde un sitio alto y caerme... miedo a coger un coche y terminar echa una galleta maría... miedo a cualquier cosa que me invita a vivir. Miedo al fracaso. Hoy he decidido que prefiero ser una fracasada y disfrutar de los pequeños placeres que me hacen sentir viva. Desatarme por completo. 











lunes, 26 de mayo de 2014

'A veces sólo cojo aire y me dejo hundir.'

Y puede que a veces no necesite nada para sentirme mal, simplemente creo que no puedo escribir nada bueno que hable sobre lo feliz que soy y la suerte que tengo en mi vida. Que en verdad, debería, y soy consciente de la suerte que tengo, pero... soy una persona complicada y me gusta complicarme la existencia, a veces pienso que me gusta sentirme tan vacía como ahora. Realmente lo he puesto como un reto en mi vida, el día que acabo completamente feliz y satisfecha de mí misma es algo muy muy inusual. Pero oye, a veces pasa... y me siento tan extraña que ni me reconozco. Aprender a depender de un dolor no es tan malo, yo lo veo como mi motivo para superarme día a día. Un sueño que se rompe para volver a recomponerse más fuerte que antes (y así tener la total seguridad de saber que se va a cumplir), es una manera de saber que no va a fallar y que será impecable. Es una forma de depositar las esperanzas en algo y de ver cómo se rompe y fácilmente, como si no hubiese pasado nada, volver a empezar de cero. 
En fin y si dejamos de fingir también estaría bien, ¿pero que más da? Si todos tenéis la misma mierda que yo, pero con distinta forma, que cada uno la soporte a su manera. 

martes, 20 de mayo de 2014

'Puedo sangrar aunque por mis venas aunque por mis venas ya lo único que corra seas tú quedándote quieto en vez de buscarme.'

No sé que me duele más, el que no te hayas dado todavía cuenta de que algo no va bien, que se está rompiendo o el tener que pensar en el momento que te lo diga. Como si no nos conociésemos y supiera que va a pasar... Realmente, hoy me siento preparada para enfrentarme a todo y para susurrarte todo lo que mi mente está gritando que te diga. Me dan igual los resultados, me da igual el final. No quiero pensar en ello hasta que llegue, tampoco quiero pensar en un pasado que jamás volverá. Quiero centrarme en el ahora, y el ahora me dice que no estoy bien y que necesito que comprendas que el resto de las cosas da igual. Si dos no se aman a la vez, luego a uno se le cae el mundo entero. Y oye, que yo no quiero más que entiendas todo lo que siento, que aceptes todos los errores y que te den igual, que te de igual todo. Como a mí me da igual todo, solo por estar bien, por hacer que tú estés bien. Porque quiero que sonrías pese a cualquier cosa, y parece que tú has visto más lágrimas mías que sonrisas. Y... bueno, a mí también me daba miedo desnudarme a la luz de unos ojos distintos, pero tú te sentías maravilloso cuando me mudaba a tus cicatrices y te decía que estaría para siempre.



Esta mañana, pese a lo que me ha costado levantarme y empezar a fingir que el mundo es bello y que la humanidad es pura bondad, estaba muy ilusionada porque por fin comenzaría a leer un libro cuyo final te deja con un vacío existencial importante. Y puesto que, siento como un millón de grietas mal cosidas dentro de mí, quería volver a experimentar la sensación de sentirse vacía completamente. Por el simple motivo de disfrutarla. Y sí, es un libro que ya leí y por aquel entonces me sentía completamente llena y satisfecha; aquel final acabó con aquel estado de embriaguez en el que yo me encontraba y me hizo dar de bruces con la realidad de las cosas. Quizá lo que vaya persiguiendo ahora es la misma sensación, pero sé que en el fondo, una parte de mí quiere sentirse totalmente vacía. Es una forma de dejar de sentir. Para volver a reencontrarme conmigo misma y con todos mis sueños apartados en un cajón como si no valiesen nada. 
Total, que al volver a mi casa, me encontraba muy vacía, no existencialmente gracias al libro, sino gracias al penco que hay en la biblioteca que no tienen un tercio de los libros que les pedía. E
Ésto me ha llevado a pensar, amargamente, que en aquella biblioteca donde se "fomenta" la lectura y el "saber", solamente traen y exhiben los libros que están a la orden del día, es decir, la llamada "literatura barata" (exceptuando algunos autores del momento claro), pero es que ni esos estaban ahí. '¿Son aquellos libros los que llenan a la gente?', me he preguntado. Debe de ser que sí. Y claro, luego comprendí que frente una sociedad (sobre todo el pequeño grupo social que forma mi localidad) que están acostumbrados a que otro piense y viva por ellos, y que siguen todos y cada uno de los roles que les dictan. Hablando en plata, que carecen de algo propio. No se iban a molestar en buscar algo que les cambiara la forma de ver el mundo, o algo que les hiciese sentir vivos. En fin. No quiero seguir hablando de ésto, bueno en realidad no quiero seguir hablando de nada. 

"No sé si mentirte bien o besarte la boca agarrándome a la vida"

Seguramente ya conozcáis está sensación de abismo que uno siente sobre su propio corazón. Yo me estoy ahogando en el mar de los sentimientos donde antes nadaba tan tranquilamente. Aún así, a pesar del dolor, no puedo odiar esta sensación. Ya no puedo llorar, y tampoco quiero recordar cuáles pensamientos tengo que rebuscar por mi mente para comenzar a hacerlo. Pero tampoco odio no poder desahogarme, ni siquiera escribiendo siento que destilo todo el dolor que llevo dentro. Ese dolor no quiere salir, y aunque lo intento, no lo hace. No puedo odiarlo, porque pierdo el sentido por el causante de este dolor.
Mi problema está en que a falta de odiar a los demás, primero me odiaré a mí misma, porque sí. No me importa admitirlo, y tampoco quiero cambiarlo. Seguramente penséis que o me pasa algo grave o soy tonta... Ni una ni la otra cosa, ¿por qué tengo que odiar a los demás que me hacen daño? Es sencillo, buscáis el dolor ajeno porque no podéis soportar el dolor propio, y eso os ayuda a sentiros mejor. Pero luego, al volver a casa no queréis estar a solas con vuestros pensamientos, porque vuestro propio odio y vuestros pensamientos destructivos os cortan la respiración. ¿Por qué tengo yo que fomentar eso? Sois vosotros vuestros propios enemigos, y yo no quiero ser partícipe de ello.
Aunque duela, aunque ahora mismo odie todo lo que estoy escribiendo porque no me ayuda a sacar todo lo que mi mente está gritándome... Puedo llevarlo, y puedo soportarlo, como muchas otras veces he hecho. Este dolor no es ningún enemigo al que tenga que odiar.

lunes, 19 de mayo de 2014

La lluvia me incita a saltar.




Mira, está bien seamos racionales, estamos aquí y estamos jodidos. Ya no hay más camino por andar, esto es la cima y solo tenemos dos opciones: o nos tiramos o nos volvemos. ¿Pero sabes qué? No puedo, no puedo ser racional. Durante todo este largo tramo hasta la cima de nuestro sueño, he disfrutado con cualquier cosa que la naturaleza ha creado, con el verdadero arte de la vida.
Al principio del camino, en el pie de la montaña, sentía miedo. Recuerdo que el sol acababa de esconderse y el frío de la noche llegaba poco a poco y nos envolvía, haciendo de nuestra piel algo áspero, nos agrietaba los labios y mi pelo estaba enredado alrededor de mi rostro. Pero no importaba, nada de eso importaba, ahí estaban las mariposas de mi estómago dándome calor, y tu mirada tímida con esa sonrisa medio torcida invitándome a subir, a comenzar.
El tiempo cambió, y se puso de nuestra parte. Nosotros también cambiamos, aprendimos a correr juntos de la mano, a atravesar aquellos pequeños baches que nos iban saliendo. Aprendimos a ser una misma persona. Y aprendí a ver el arte de las cosas, pero, sobre todo, aprendí a sentir. A vivir. Nunca creí que la humanidad pudiese tener algo bueno, algo mágico. Excepto tú. Durante nuestra larga y agotadora subida, pude sentirme infinita. Sentía el viento chocar contra las copas de los árboles, crear formas con ellos, abrazarlos y besarlos. Tal como tú y yo nos perdíamos entre nuestros brazos. Sentía el calor del suelo, en la corteza de los árboles tan expuestos a los rayos del sol, como yo estaba expuesta a tus manos, quemando cada trozo de mi piel que tocaba, y dejando marcas imborrables con el tiempo. Me sentí aire que podía emprender el vuelo a cada instante, que podía ir y volver al mismo sitio en segundos, porque tú estabas conmigo. Me sentía luz, capaz de calentar cualquier lugar frío, sólo bastaba que nuestros cuerpos desnudos se deshicieran con el fuego que les consumía. Me sentía lluvia que caía constantemente sobre aquella tierra seca y que tanto la necesitaba, como yo te necesito a ti para respirar. Porque éramos uno, y podíamos ser cualquier cosa que nos propusiéramos juntos. Porque nadie podía con nosotros, porque nada podía conmigo si sabía que cuando miraba a mi lado ahí estabas tú con tu sonrisa y tu jodida y preciosa mirada color verde y marrón, el color de la vida. El color que me da la vida.
Pero pasamos por alto una cosa, una cosa con la que yo no contaba. Dejamos de contar con el mundo racional y creamos nuestro propio mundo. Bueno mejor dicho, dejé de contar con la realidad. Iba muy en serio cuando dije que me olvidaba del resto de la humanidad opresiva por estar esos efímeros momentos contigo. Pero tú no lo llegaste a olvidar, y la realidad se dio de bruces con todo mi mundo de sueños, con todo mi mundo de irracionalidades.
Y mira, aquí estamos otra vez, en lo alto de la cima. Yo queriendo alcanzar el universo y comérmelo y tú queriendo quedarte con los pies sobre el suelo. Quizá tu opción sea la más correcta. Pero me está consumiendo y no sabes hasta cuantos niveles. No puedo seguir viviendo y soñando si tú no me acompañas en el viaje. No quiero racionalidades, quiero que aprendas a dejarte llevar, a sentir que podemos ser infinitos, que podemos volver a la realidad siempre que queramos. Pero no me ames racionalmente, porque eso nunca fue amar. No me ames pensando en el resto del mundo. Quiero ser tu único mundo, algo infinito. Quiero que pierdas la consciencia por todo lo que a mí me envuelva. Y sí, soy exigente, porque llevo demasiado tiempo vaciando todo mi ser en el tuyo, y tú cual tierra solo absorbes, pero no me das la suficiente vida para poder mantenerme sobre mis pies. Y este sentimiento me está desgarrando por dentro.

El tiempo también ha cambiado, han vuelto otra vez las lluvias y ahora penetran fuertemente por mi cuerpo, me inundan el alma y me impiden respirar. Y yo, que ya no puedo dar más de mí ahí estoy al borde del precipicio con mi dolor. Porque ya no tengo nada claro, ya no quiero comerme el universo, no satisface mis ansias de libertad. Éstas, a su vez, están desapareciendo. Y parece que tú todavía no te das cuenta. Que la sonrisa que hay en mi rostro es más falsa que la luna que nos sonríe mientras nos está mirando. A penas siento fuerzas para seguir. Y aún tengo la esperanza de que abras de verdad los ojos, que dejes tu racionalidad a un lado y que mires a la persona que te ha estado acompañando durante todo este camino, y lo mucho que te ha amado. Y, ¿sabes qué? Estamos en el borde, y la lluvia me incita a dejarme caer. Tienes dos opciones: quédate o ven conmigo y no pienses un por qué, solo hazlo.  

viernes, 16 de mayo de 2014

El incomprendido siempre es el mejor pensador.

Frente a mi pesimismo, frente a mis pocas ganas de encontrar algo que me motive. Frente a todos los frentes que yo misma me impongo. También quiero pensar que ésto cambiará, que aprenderé a aceptadme y que algún día encontraré esa libertad y esa sensación de volar por algún sitio. 
Siempre encuentro esperanzas cuando viajo a aquellos parámetros, paralelos a la realidad, que es donde me encuentro realmente bien. Aquel lugar donde solo me importan mis  apetitos  y deseos. Aquel lugar imaginario. Y a veces, cuando me siento tan mierda como hoy. Cuando soy consciente de que soy alguien que rompe todo lo que se le acerca. Me gusta pensar que también hay salvación en mí, como muchas otras personas han salido de mierdas peores. Por ello me gusta pensar que esas libertades sí existen. Pero, en fin, ya me dedicaré a indagarlas, por ahora no tengo ganas y estoy cansada de todo y de nada a la vez. Qué dilema. Me siento muy estúpida por hablar de cosas como ésto. Ni me sale escribir y formas frases coherentes. Creo que lo mejor será embriagarse, para .... bueno, no quiero que sea por alguna necesidad en concreto. Voy a embriagarme, porque lo necesito . 
Hace tiempo que mi acelerada respiración me impide soñar. Que todas aquellas putadas que ocurrieron vuelven a mi mente una y otra vez. Que no me siento capaz de olvidar. Que creía que sí, cuando realmente no soy capa. Que eres tú quien está pagando los platos sucios. Y que, obviamente no te lo mereces. Pero... egoístamente necesito que estés a la altura. Necesito ver en ti otras necesidades más fuertes. 
Hace tiempo que descubrí que sólamente soy un deshecho más que la sociedad ha creado. Que no paro de predicar que tengo libertad. Que en mi vida puedo sentirme libre mediante el arte. Pero es que ni el arte puede salvarme de mí misma. Soy un ser roto, y por consecuencia, todo lo que toco acaba roto. Y ese es tú triste final, ya te lo aveciné y lo seguiré haciendo, hasta que te quieras dar cuenta, pero para entonces ya será demasiado tarde. 
Hace tiempo que dejaron de importarme las artes, que escribir se convirtió en un mero de limpiar un poco las cicatrices que llevo dentro, aunque sea por un efímero instante. 
Hace tiempo que me prohibí sentir nada de alegría, quizá porque me he acostumbrado tanto a este dolor que ahora mismo soy dependiente de él. Quizá incluso me guste. Soy muy complicada y contradictoria. 
Hace tiempo que dejé de creer en mí misma, '¿para qué?' me pregunto, si no sirve para nada. Aunque a veces intento pensar que soy una persona normal con un nivel alto de egoísmo e intento pasar por alguien que se cree que se puede comer el mundo. Aunque realmente sea él quien me coma a mí cada día. Y ¿para qué? Si eso solo me recuerda lo mísera que puedo llegar a ser. Si no hay nada que pueda ayudarme. Yo soy mi primer enemigo, y yo misma me impido disfrutar, me impido ser un ser libre. Me he creado como un juguete más en este mundo. Me he desquitado de aquello que podría haberme hecho muy feliz, y ¿para qué? Pues ahora no lo recuerdo, supongo que siempre quise ser aceptada en un ambiente del que no podía escapar (aunque nunca lo conseguí). 
Pero eso ahora ya no importa, me he acostumbrado a ello, es más, me gusta ser así. Y ya no me importa sentir. 

Soy yo una cárcel para mí misma y mi propia perdición.