sábado, 20 de diciembre de 2014

"I'd never let you leave my life"

Cuando alguien te conoce incluso mejor que tú mismo, solo puedes dejar que siga haciéndolo. 
Y ella me conoce desde dentro. Me conoce contenta. Me conoce triste. Me conoce ansiosa. Me conoce siendo feliz, rota o tonta. Conoce todos y cada uno de mis puntos débiles. Y me gusta. 
Que ella no ha estado en las buenas y en las malas. Ella ha convertido las buenas en lo superior y las malas en todo lo contrario. Ella ha sido todas las buenas. 
Ella, joder, ella. 
Me ha visto con ojos ojerosos y llorosos, con mis mejores sonrisas y en mis peores pintas. Me ha sacado de casa cuando yo no esperaba hacerlo en meses. Ha sido un bote de salvación. Me ha secado tantas lágrimas que no podría ponerle un número. Ha hecho el imbécil por darme un momento de respiro en el que yo riese de verdad. 
Ha estado. Y ha sido conmigo. 
Cuerdas, enfermas, borrachas en un sofá o gilipollas en cualquier lugar. Pero las dos. 
Qué vais a contarme de amistad, cuando tienes tanta confianza con alguien como para llorar y reír en un mismo hombro. 
Eso no es amistad, eso es como poco, la hostia. 
I love you babe.
 

martes, 16 de diciembre de 2014

Mientras lamento tu ausencia y mi gilipollez.

¿Dónde nos quedamos? ¿Dónde me quedé? 
¿Cuál fue el momento en que nos rompimos otra vez? 
¿Por qué nos rompimos otra vez? 

Nadie quiere barrer estos escombros, nadie quiere enseñarme a reconstruirlos. Nadie quiere regresar a sitios o a personas suicidas.
 Excepto yo. 
Tenía que lamentar tu ausencia para darme cuenta de que nada es suicida. Nada ha mericido tanto la pena. A la mierda los escombros, demos una luz nueva al banco repleto de polvo que ambas queremos pasar por alto. Ya aprenderé a construir de nuevo. Y permíteme equivocarme. Una y otra vez. Porque vuelvo. Atada estoy a ti. 

Déjame volver, o dime qué coño hago yo ahora, conmigo pero sin ti. 

 
Llevaba sobre ella un pesar, su alma cargaba agujeros y huecos sin remendar. 
Solía caminar sola bajo la lluvia; así ocultaba sus lágrimas. 
Camina como un suicida por la vías del tren, filosofando entre síes y noes. 
Lleva a cuestas todo lo que le quiso decir. Eran unos minutos de silencio incómodos. En su cabeza. Una canción en mute. Un bosque sin árboles. Un frío de enero que evitaba a toda costa.
Era el espacio en blanco entre margen y margen. 
Una línea continua. 
No creía en que las heridas pueden curar. 


Solía vestir de negro, y escribir con la mano izquierda. Pensaba en todo y nada. En poemas e historias.Nunca se le había dado bien hablar y nunca recuperaba a las personas que quería. Todas se iban, se escapaban de su jaula. Pero quería escribir sobre esa línea continua; hacerla discontinua. Otra vez.
Quería saber dibujar un espacio a cada uno de sus huecos. 
Quiere hacerlo.

Estamos llenos de vicios, de vacíos, de recuerdos o trozos de alguien que desapareció. 
Pero que nunca se marchó.