Cuando alguien te conoce incluso mejor que tú mismo, solo puedes dejar que siga haciéndolo.
Y ella me conoce desde dentro. Me conoce contenta. Me conoce triste. Me conoce ansiosa. Me conoce siendo feliz, rota o tonta. Conoce todos y cada uno de mis puntos débiles. Y me gusta.
Que ella no ha estado en las buenas y en las malas. Ella ha convertido las buenas en lo superior y las malas en todo lo contrario. Ella ha sido todas las buenas.
Ella, joder, ella.
Me ha visto con ojos ojerosos y llorosos, con mis mejores sonrisas y en mis peores pintas. Me ha sacado de casa cuando yo no esperaba hacerlo en meses. Ha sido un bote de salvación. Me ha secado tantas lágrimas que no podría ponerle un número. Ha hecho el imbécil por darme un momento de respiro en el que yo riese de verdad.
Ha estado. Y ha sido conmigo.
Cuerdas, enfermas, borrachas en un sofá o gilipollas en cualquier lugar. Pero las dos.
Qué vais a contarme de amistad, cuando tienes tanta confianza con alguien como para llorar y reír en un mismo hombro.
Eso no es amistad, eso es como poco, la hostia.
I love you babe.
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