martes, 16 de diciembre de 2014

Llevaba sobre ella un pesar, su alma cargaba agujeros y huecos sin remendar. 
Solía caminar sola bajo la lluvia; así ocultaba sus lágrimas. 
Camina como un suicida por la vías del tren, filosofando entre síes y noes. 
Lleva a cuestas todo lo que le quiso decir. Eran unos minutos de silencio incómodos. En su cabeza. Una canción en mute. Un bosque sin árboles. Un frío de enero que evitaba a toda costa.
Era el espacio en blanco entre margen y margen. 
Una línea continua. 
No creía en que las heridas pueden curar. 


Solía vestir de negro, y escribir con la mano izquierda. Pensaba en todo y nada. En poemas e historias.Nunca se le había dado bien hablar y nunca recuperaba a las personas que quería. Todas se iban, se escapaban de su jaula. Pero quería escribir sobre esa línea continua; hacerla discontinua. Otra vez.
Quería saber dibujar un espacio a cada uno de sus huecos. 
Quiere hacerlo.

Estamos llenos de vicios, de vacíos, de recuerdos o trozos de alguien que desapareció. 
Pero que nunca se marchó.




 

No hay comentarios:

Publicar un comentario