Llevaba sobre ella un pesar, su alma cargaba agujeros y huecos sin remendar.
Solía caminar sola bajo la lluvia; así ocultaba sus lágrimas.
Camina como un suicida por la vías del tren, filosofando entre síes y noes.
Lleva a cuestas todo lo que le quiso decir. Eran unos minutos de silencio incómodos. En su cabeza. Una canción en mute. Un bosque sin árboles. Un frío de enero que evitaba a toda costa.
Era el espacio en blanco entre margen y margen.
Una línea continua.
No creía en que las heridas pueden curar.
Solía vestir de negro, y escribir con la mano izquierda. Pensaba en todo y nada. En poemas e historias.Nunca se le había dado bien hablar y nunca recuperaba a las personas que quería. Todas se iban, se escapaban de su jaula. Pero quería escribir sobre esa línea continua; hacerla discontinua. Otra vez.
Quería saber dibujar un espacio a cada uno de sus huecos.
Quiere hacerlo.
Estamos llenos de vicios, de vacíos, de recuerdos o trozos de alguien que desapareció.
Pero que nunca se marchó.
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