domingo, 26 de abril de 2015

Mi yo y mi no-yo.

Me gustan los días nublados como el de hoy. Me gustan las nubes blanquecinas que tiñen el cielo. Me gusta ahondar entre la problemática de la nada y su infinitud. Ya sabéis, esa idea de vacío que se siente al mirar un espacio el blanco. El momento en el que espacio y tiempo confluyen con el movimiento; las formas de las nubes atadas a una realidad que ata a los propios sentidos. Sentir el goce estético, sentir lo sublime.
Hoy le puse formas al lienzo blanco, sí, cometí un gran error, me permití pensar en ella o más bien me di el doloroso capricho de dejarle entrar en mis pensamientos. Hoy la imaginé en mi mente, me esforcé por recordar su rostro, el cariño que siempre me demostraba cuando iba a visitarla, la felicidad que derramaba en sus últimos días... Yo era su preferida entre todas, y yo no la he echado de menos desde hace diecinueve meses.
Hoy quería echarla de menos, empezar a ser consciente de que no está, pero no puedo. No puedo dejar de ocultarte dentro de mi cabeza como si esa fuese la única conexión existente entre ella y yo. ¿Nunca habéis tenido a una persona que os ha hablado tanto y tan bien de otra persona ajena a vosotros que, cuando la conoces por primera vez sientes que ya sabes todo de ella? A mí me sucede algo similar, está tan presente en la vida de la persona más cercana a mí que llego a sentir que sigue con nosotras, que no se ha ido y que nunca se fue.
Hoy quiero no volver a pensar en ella, encerrarla junto con las lágrimas que purgan al sentir su ausencia; volver a mirar mi lienzo blanco a sentirme otra vez vacía a no pensar ni dolerme.
Hoy dejaré que la sensación de culpabilidad y racionalidad se enfrenten en silencio. Ya volverán mañana los días soleados y la frialdad que me generan.


sábado, 11 de abril de 2015

"Dance to this beat"

Se sentó en el alfeizar de la ventana observando a la nada mientras comenzaban los primeros acordes de su cancion favorita, acompañado del sonido que hace la piedra de un mechero cuando prende y el aspirar de un alma que está tan perdida como la nada que le embargaba. Siempre la había envididado. Tan perfecta, con la piel tersa, los labios gruesos y rojos, los ojos negros como el café. No decía nada, algo que al principio me resultó extraño en ella; ahora ya me había acostumbrado a sus silencios, a sus miradas perdidas en el horizonte. Hace tiempo que dejamos de compartir heridas, cada uno se cosía las propias; un día me gritó que ya estaba cansada de tachar lágrimas, supuse que sería una de las tantas metáforas que le gustaban hacer... Pero en aquel momento ya no estaba tan seguro. Cogí su mano fría, tanto como de costumbre, mientras con la otra, ella terminaba de arder su alma en una colilla que pronto quedaría reducida en el suelo, como yo. Intenté mirarla a los ojos, buscar aquello que hace tiempo se había ido. Todo en vano, sus ojos volvían a estar llorosos, pero ella ya nunca me dejaba verla llorar. Es preciosa hasta cuando llora. No se percató de nuestro contacto hasta que su mano comenzó a estar demasiado templada para lo que estaba acostumbrada a soportar. Entonces giró la cabeza y me miró: uno, dos, tres pestañeos rápidos; sonriendo, mientras el humo se escapaba de sus labios rojos. 
Estaba matándonos a los dos y ni siquiera se daba cuenta.

 




martes, 7 de abril de 2015

Diario de una cinista.

Dicen que no es lo mismo ser feliz que estar feliz: un mismo verbo que se contradice (como yo a todas horas). Y también dicen que no es tan difícil conseguir aquello que te propones, aunque sean unas metas muy difíciles (casi imposibles). Dicen que todo requiere su esfuerzo y dedicación, pero se les olvida mencionar que para que ese esfuerzo de buenos resultados debes primero confiar en tus capacidades, ya sabes, creer en uno mismo y todos esos convencionalismos que están mal vistos socialmente. Yo también los veía como algo contraproducente, pero con el tiempo mis pensamientos han tomado otro rumbo. Y quizá no sea tan malo confiar en uno mismo, ya sabes, creerse alguien capaz de comerse el mundo, aparentar ser un total gilipollas para el resto, pero un gilipollas feliz y contento de conseguir sus logros. Quizás todos los tontos tienen suerte porque los únicos que se dan cuenta de que son estúpidos son los que le rodean. 
Total que llega un día en el que te despiertas con ese tipo de pensamientos: "me voy a comer el mundo". Recorren cada milímetro de tu cuerpo, como cuando se te eriza la piel al escuchar tu canción favorita la primera mañana de otoño: te recuerda que afuera aún hace calor, pero que el frío lo va matando poco a poco. Crees que puedes lograrlo todo, incluso lo que ayer te parecía improbable o incluso imposible. Supongo que hacer suposiciones es típico de personas indecisas, personas como yo que no quieren ser como yo. Personas que quieren cambiar a toda costa esos pensamientos y que al final acaban rindiéndose ante un gran pesimismo... Supongo que ese es final: nada. Pero hay algo que sí tengo claro: no voy a rendirme. No voy a dejar de luchar por aquello que tanto esfuerzo me está costando, es más, estoy decidida a terminar con el esfuerzo en vano. No quiero ser como aquellas personas resentidas que necesitan criticar todo para llenar ese vacío emocional que sienten gracias (o no tan gracias) a no haber perseguido sus sueños. Quiero parar de sentir que mi vida no tiene sentido, incluso haciendo lo que más me gusta. No, ¡BASTA! Quiero empezar a creerlo: yo seré alguien, y no voy a ser nadie encerrada, y mucho menos estancada por unas cuantas autocríticas negativas hacia mí misma. No. Ya no más, necesito crecer como espíritu y sentir que puedo. Saber que puedo con todo. 
Y quizá, esto solo sea una gilipollez más, escrita para deshagarme de unos pensamientos de mierda o porque tengo muchas ganas de pensar y pocas de estudiar. Quién sabe. Pero hoy me apetece salir a la calle, sonreír, cantar en voz alta, y comerme el mundo.

domingo, 5 de abril de 2015

Suicide letter.

Sentada en el alfeizar de la ventana, escuchando su canción favorita, se dio cuenta de cómo eras: 
Como el color amarillo. 
Como los paragüas. 
Como la música. 
Como el maquillaje. 
Como el otoño. 
Como la vida. 

Prescindible.