sábado, 11 de abril de 2015

"Dance to this beat"

Se sentó en el alfeizar de la ventana observando a la nada mientras comenzaban los primeros acordes de su cancion favorita, acompañado del sonido que hace la piedra de un mechero cuando prende y el aspirar de un alma que está tan perdida como la nada que le embargaba. Siempre la había envididado. Tan perfecta, con la piel tersa, los labios gruesos y rojos, los ojos negros como el café. No decía nada, algo que al principio me resultó extraño en ella; ahora ya me había acostumbrado a sus silencios, a sus miradas perdidas en el horizonte. Hace tiempo que dejamos de compartir heridas, cada uno se cosía las propias; un día me gritó que ya estaba cansada de tachar lágrimas, supuse que sería una de las tantas metáforas que le gustaban hacer... Pero en aquel momento ya no estaba tan seguro. Cogí su mano fría, tanto como de costumbre, mientras con la otra, ella terminaba de arder su alma en una colilla que pronto quedaría reducida en el suelo, como yo. Intenté mirarla a los ojos, buscar aquello que hace tiempo se había ido. Todo en vano, sus ojos volvían a estar llorosos, pero ella ya nunca me dejaba verla llorar. Es preciosa hasta cuando llora. No se percató de nuestro contacto hasta que su mano comenzó a estar demasiado templada para lo que estaba acostumbrada a soportar. Entonces giró la cabeza y me miró: uno, dos, tres pestañeos rápidos; sonriendo, mientras el humo se escapaba de sus labios rojos. 
Estaba matándonos a los dos y ni siquiera se daba cuenta.

 




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