Dicen que no es lo mismo ser feliz que estar feliz: un mismo verbo que se contradice (como yo a todas horas). Y también dicen que no es tan difícil conseguir aquello que te propones, aunque sean unas metas muy difíciles (casi imposibles). Dicen que todo requiere su esfuerzo y dedicación, pero se les olvida mencionar que para que ese esfuerzo de buenos resultados debes primero confiar en tus capacidades, ya sabes, creer en uno mismo y todos esos convencionalismos que están mal vistos socialmente. Yo también los veía como algo contraproducente, pero con el tiempo mis pensamientos han tomado otro rumbo. Y quizá no sea tan malo confiar en uno mismo, ya sabes, creerse alguien capaz de comerse el mundo, aparentar ser un total gilipollas para el resto, pero un gilipollas feliz y contento de conseguir sus logros. Quizás todos los tontos tienen suerte porque los únicos que se dan cuenta de que son estúpidos son los que le rodean.
Total que llega un día en el que te despiertas con ese tipo de pensamientos: "me voy a comer el mundo". Recorren cada milímetro de tu cuerpo, como cuando se te eriza la piel al escuchar tu canción favorita la primera mañana de otoño: te recuerda que afuera aún hace calor, pero que el frío lo va matando poco a poco. Crees que puedes lograrlo todo, incluso lo que ayer te parecía improbable o incluso imposible. Supongo que hacer suposiciones es típico de personas indecisas, personas como yo que no quieren ser como yo. Personas que quieren cambiar a toda costa esos pensamientos y que al final acaban rindiéndose ante un gran pesimismo... Supongo que ese es final: nada. Pero hay algo que sí tengo claro: no voy a rendirme. No voy a dejar de luchar por aquello que tanto esfuerzo me está costando, es más, estoy decidida a terminar con el esfuerzo en vano. No quiero ser como aquellas personas resentidas que necesitan criticar todo para llenar ese vacío emocional que sienten gracias (o no tan gracias) a no haber perseguido sus sueños. Quiero parar de sentir que mi vida no tiene sentido, incluso haciendo lo que más me gusta. No, ¡BASTA! Quiero empezar a creerlo: yo seré alguien, y no voy a ser nadie encerrada, y mucho menos estancada por unas cuantas autocríticas negativas hacia mí misma. No. Ya no más, necesito crecer como espíritu y sentir que puedo. Saber que puedo con todo.
Y quizá, esto solo sea una gilipollez más, escrita para deshagarme de unos pensamientos de mierda o porque tengo muchas ganas de pensar y pocas de estudiar. Quién sabe. Pero hoy me apetece salir a la calle, sonreír, cantar en voz alta, y comerme el mundo.
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