Voy a ser sincera:
te echo de menos, pero ya no nos echo de menos.
Hace tiempo que pasé página, pero joder, por qué infravalorar lo que tuvimos.
Sería un feo muy feo, para lo a gusto que estaba.
Contigo.
Y supongo que no es nada malo que, de vez en cuando, añore tu compañía.
¿A que no?
No, al menos ahora, que avanzo, sola, por mí misma.
Simplemente, me gustaría saber cómo estás,
cómo llevas todos tus propósitos,
si eres feliz.
También poder contarte que yo sigo con mis metas, todas de una, adelante; unas más arriba que otras, pero adelante, siempre adelante.
Que mis resultados son los esperados.
Que te sentirías orgulloso de mí.
Puede que una de las sensaciones que más daño me hiciera fuese aceptar el no compartir nuestras inquietudes.
Joder, tan solo hace unos meses que descubrí música nueva que me gustaría que escuchases. Que he mejorado mi resistencia, y que lo pasaríamos tan bien en la naturaleza poniéndonos a prueba.
Pero....
Tan raro sería comenzar una conversación con un "hola. cuánto tiempo. qué tal." [insertar dos besos en las mejillas] Y que se me escapase la risa floja al recibir dos besos tuyos tan coordiales. No sé, algo que siempre sucedía.
No sé, a veces pienso, que esa sería la forma más fácil de volver a empezar.
Y sin embargo, otras pienso que si algo terminó, fue por una muy buena razón, y no merece la pena continuarlo.