Mira,
está bien seamos racionales, estamos aquí y estamos jodidos. Ya no hay más
camino por andar, esto es la cima y solo tenemos dos opciones: o nos tiramos o
nos volvemos. ¿Pero sabes qué? No puedo, no puedo ser racional. Durante todo
este largo tramo hasta la cima de nuestro sueño, he disfrutado con cualquier
cosa que la naturaleza ha creado, con el verdadero arte de la vida.
Al
principio del camino, en el pie de la montaña, sentía miedo. Recuerdo que el
sol acababa de esconderse y el frío de la noche llegaba poco a poco y nos
envolvía, haciendo de nuestra piel algo áspero, nos agrietaba los labios y mi
pelo estaba enredado alrededor de mi rostro. Pero no importaba, nada de eso
importaba, ahí estaban las mariposas de mi estómago dándome calor, y tu mirada
tímida con esa sonrisa medio torcida invitándome a subir, a comenzar.
El
tiempo cambió, y se puso de nuestra parte. Nosotros también cambiamos,
aprendimos a correr juntos de la mano, a atravesar aquellos pequeños baches que
nos iban saliendo. Aprendimos a ser una misma persona. Y aprendí a ver el arte
de las cosas, pero, sobre todo, aprendí a sentir. A vivir. Nunca creí que la
humanidad pudiese tener algo bueno, algo mágico. Excepto tú. Durante nuestra
larga y agotadora subida, pude sentirme infinita. Sentía el viento chocar
contra las copas de los árboles, crear formas con ellos, abrazarlos y besarlos.
Tal como tú y yo nos perdíamos entre nuestros brazos. Sentía el calor del
suelo, en la corteza de los árboles tan expuestos a los rayos del sol, como yo
estaba expuesta a tus manos, quemando cada trozo de mi piel que tocaba, y
dejando marcas imborrables con el tiempo. Me sentí aire que podía emprender el
vuelo a cada instante, que podía ir y volver al mismo sitio en segundos, porque
tú estabas conmigo. Me sentía luz, capaz de calentar cualquier lugar frío, sólo
bastaba que nuestros cuerpos desnudos se deshicieran con el fuego que les
consumía. Me sentía lluvia que caía constantemente sobre aquella tierra seca y
que tanto la necesitaba, como yo te necesito a ti para respirar. Porque éramos
uno, y podíamos ser cualquier cosa que nos propusiéramos juntos. Porque nadie
podía con nosotros, porque nada podía conmigo si sabía que cuando miraba a mi
lado ahí estabas tú con tu sonrisa y tu jodida y preciosa mirada color verde y
marrón, el color de la vida. El color que me da la vida.
Pero
pasamos por alto una cosa, una cosa con la que yo no contaba. Dejamos de contar
con el mundo racional y creamos nuestro propio mundo. Bueno mejor dicho, dejé
de contar con la realidad. Iba muy en serio cuando dije que me olvidaba del
resto de la humanidad opresiva por estar esos efímeros momentos contigo. Pero
tú no lo llegaste a olvidar, y la realidad se dio de bruces con todo mi mundo
de sueños, con todo mi mundo de irracionalidades.
Y
mira, aquí estamos otra vez, en lo alto de la cima. Yo queriendo alcanzar el
universo y comérmelo y tú queriendo quedarte con los pies sobre el suelo. Quizá
tu opción sea la más correcta. Pero me está consumiendo y no sabes hasta cuantos
niveles. No puedo seguir viviendo y soñando si tú no me acompañas en el viaje.
No quiero racionalidades, quiero que aprendas a dejarte llevar, a sentir que
podemos ser infinitos, que podemos volver a la realidad siempre que queramos.
Pero no me ames racionalmente, porque eso nunca fue amar. No me ames pensando
en el resto del mundo. Quiero ser tu único mundo, algo infinito. Quiero que
pierdas la consciencia por todo lo que a mí me envuelva. Y sí, soy exigente,
porque llevo demasiado tiempo vaciando todo mi ser en el tuyo, y tú cual tierra
solo absorbes, pero no me das la suficiente vida para poder mantenerme sobre
mis pies. Y este sentimiento me está desgarrando por dentro.
El
tiempo también ha cambiado, han vuelto otra vez las lluvias y ahora penetran
fuertemente por mi cuerpo, me inundan el alma y me impiden respirar. Y yo, que
ya no puedo dar más de mí ahí estoy al borde del precipicio con mi dolor.
Porque ya no tengo nada claro, ya no quiero comerme el universo, no satisface
mis ansias de libertad. Éstas, a su vez, están desapareciendo. Y parece que tú
todavía no te das cuenta. Que la sonrisa que hay en mi rostro es más falsa que
la luna que nos sonríe mientras nos está mirando. A penas siento fuerzas para
seguir. Y aún tengo la esperanza de que abras de verdad los ojos, que dejes tu
racionalidad a un lado y que mires a la persona que te ha estado acompañando
durante todo este camino, y lo mucho que te ha amado. Y, ¿sabes qué? Estamos en
el borde, y la lluvia me incita a dejarme caer. Tienes dos opciones: quédate o
ven conmigo y no pienses un por qué, solo hazlo.
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