Corre por mis venas, me oprime, como si fuese algo electrizante, como una descarga: libertad. Es la libertad que mas aprecio, aquella que consigo cuando mi cuerpo está al límite. Siempre en algún extremo. Necesito sentirla casi de diario, y me odio a mí misma por reprimirla de diario. Nada comparado a mi cuerpo palpitando después de hacer deporte, después de una larga carrera, nada comparado como sentir el corazón oprimirme el pecho, la respiración agitada y los pulmones gritando por oxígeno.... Pero, no venía a hablaros de este tipo de sensación...
Dado que hoy es sábado por la tarde y yo ya tengo mono de perderme en mis propios pensamientos, me centraré en una pregunta que me hicieron, alguien que me conoce desde pequeña, que sabe lo cerrada que puedo ser para algunas cosas, algunas cosas que todo el mundo toma por malas, que quizá lo sean o no. En fin, no pretendo justificar mis actos: empecé a embriagarme desde una temprana edad, nunca he negado que no me gustase el alcohol ni la sensación que me produce. Pero ahora me gusta mirarlo desde una perspectiva distinta a la de otros años atrás... Aunque siga siendo la misma razón de todas las noches... Que por qué me gusta embriagarme y sentir que todo me da igual, pues porque son los únicos momentos en los que consigo olvidar todas aquellas cosas que me preocupan de diario, es una liberación de mi misma, dejo de pensar y solo me dejo llevar. Me da igual decir todo lo que pasa por mi mente, y me gusta sentir como todos mis sentidos están nublados, como me siento o muy pesada o muy ligera... Pero también sé que no es bueno recurrir a ello para huir de los problemas. A pesar de las sensaciones que me produce, nunca podré huir de mí misma, incluso aunque intente callar todas aquellas voces que me gritan que no estoy bien. Pero estoy un poco hasta arriba de tanta racionalidad, y de que tenga que vivir según lo que ella viva, prefiero ser un ser irracional que sufre porque por amor y por aquellas cosas típicas por las que sufre la gente... y prefiero dejarme llevar en mi propio dolor, porque hasta borracha me duele quererte, es más, cuando estoy así es cuando me salen los mejores textos, cuando mis sentimientos están a flor de piel, cuando más necesito escuchar un "te quiero" y cuando tú menos estás para compartirlos conmigo. Eso también duele. Pero estoy acostumbrada, e incluso he llegado a acostumbrarme a tu ausencia nocturna, y creo que lo prefiero. Tú nunca lo entenderías y creo que tampoco me molesta que no llegues a comprenderlo. En fin, es pronto y yo ya quiero empezar a embriagarme y a olvidarme un poco de quien soy y de las cicatrices que llevo por dentro.
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