Y quizá me despertaron las pesadillas que ahora son rutina en mi vida o quizá es mi consciencia la que no me deja dormir. De todos modos, aquí estoy con el pulso acelerado, la piel de gallina y lágrimas en los ojos. Ojalá fuesen lágrimas cargadas de odio o de amor, serían más fáciles de soportar, más fáciles de disimular con una sonrisa. Cómo se puede sonreír a algo que te ha dejado tan vacía, tan desgastada. Nada merece la pena, porque todo el esfuerzo puesto era en vano. Realmente, no sé de qué me estoy quejando, si en el fondo de mi ser ya sabía que aquello era algo más que imposible. Ojalá hubiese encontrado durante este arduo camino un poco de la confianza que tanto escasea...
Ojalá este texto no se llenase de arrepentimiento, pero qué más puede quedarme si me siento completamente desgastada. Inspiro, expiro. Oscuridad y un par de sueños rotos para añadir a aquel álbum donde los colecciono. Y qué más da si volveré a encontrar otros que los reemplacen; qué importa quitarse la piel a tiras si luego volverá a rejuvenecer más bella y sana que antes, más experimentada y más armada contra aquellos que quieren hacerte daño.
Ojalá este texto no diese la misma pena que yo siento al pensar sobre mí misma, y ojalá no provocase compasión. Porque seré clara, no la necesito. Está claro que digan lo que digan me va a dar igual. Ante todo he aprendido a renacer de mis cenizas y al igual que ardo con toda mi vida hasta descomponerme, resurjo de mi propio dolor. Esto no podrá conmigo y no necesito nada de nadie para volver a emprender el vuelo.
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