martes, 1 de julio de 2014
"Quería huir del problema, pero no sabía cómo deshacerme de mí"
Llueve. Aunque a fuera esté todo seco. Llueve. Y me duelen las tardes encerradas en mí. El frío que siento no me abandona ni en verano y el vaho siempre está a medias en el cristal. Me gusta sentir el duro y frío suelo sobre mis pies, eso me recuerda que no soy la única que parece un ser inanimado. Que soy un largo invierno que nunca termina. Que mis pulmones no pueden evitar sentirse oprimidos ante tanta desolación, buscando en lo más fondo algún sitio en el que resguardarse de este frío. Qué le puedo hacer si hace tiempo que dejé de sangrar. Que solo sigo aquella línea discontinua que hay pintada en aquel viejo y escarbado camino, aquella línea que divide en dos una misma distancia y a mí en mil pedazos. Puro hielo. Estoy, también, tratando de salvarme desesperadamente en algún escondrijo de este seco mundo, escribiendo ésto del tirón y llorando por fuera. Y que más da si con el agua de la lluvia apenas se aprecia. Borro todas las marcas, sonrío y sálvame.
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