Si te pregunto por el amor, harás lo mismo, creyendo que solo tienes dos respuestas verdaderas. O bien me contarás lo maravilloso que es y lo bien que te va, o al contrario lo malo y horrible que es para ti. Aportando así una única conclusión falsa o verdadera. Limitando las diversas posibilidades intermedias que podrías tener.
Si te pregunto por el odio, sólo serás capaz de decirme el nombre de aquellas personas, objetos, situaciones, lugares, y experiencias que te producen nauseas...
Y si te preguntase por ti mismo, me dirías que nadie te soporta, que ni tú mismo sabes soportarte y que te das asco. Que aquella persona que te aguanta se merece el cielo por hacerlo. También que tu vida es una mierda y que no crees en el amor. Quizá. Pero quién sabe.
A fin de cuentas, todos tratamos más de tonto al que se enamora que al que se suicida.
Y quizá, por eso la sociedad está llena de complejos y de gente de que no tiene ni idea de cómo se ama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario