Cuanto echo de menos tus abrazos. Supongo que es porque es lo que menos tenía de ti últimamente. Me gusta guardarte entre ellos. Algún día dejarán de ser tan cálidos. Te lo prometo
Te odio por controlarme de esa forma tan involuntaria, ¿sabes? No sabes. No sabes cuantas veces me repito que te odio. Te odio.
Y odio que no sepa valorarme tanto como hacen mis sueños con tus abrazos.
Me he propuesto darle un giro de ciento ochenta grados a toda esta situación. Cambiar tus abrazos por mis manos y escribir sobre ellas, y sobre cuánto adoro que no sean cálidas como las tuyas, que sean frías y sucias. Capaces de hacer todas las maravillas que tú nunca aprendiste. Cuando me tocan y comienzan a excitarme y arden. Me gusta cuando no ponen ninguna excusa para darlo todo por perdido y me hacen tocar el cielo desde mi propio escritorio.
No hay argumentos que valgan para que me pongan la piel de gallina cada noche y transmitirme, por cada una de mis costillas, amor.
Me gusta que estén tan sucias como lo que representan, que sean frías por fuera y encendidas por dentro. ¿De qué te sirve dar abrazos calientes si no los sentías? Que escriban lascivamente y que su función termine con el bolígrafo corriéndose sobre el papel (y sobre ellas mismas)incapaz de soportar su roce.
Manos de recompensa y ánimo. Manos generosas que no reparan a quien darle amor o no. Manos menos agrietadas y trabajadas que las tuyas, sí, pero más brujas y conocedoras del mundo.
Cualquiera mataría por ellas. Cualquiera menos tú. Tú que les has dado más desprecio que amor. No se juega con mis manos.Por eso, a ti, te desean lo mejor entre la soledad existente entre tus sábanas y tu cuerpo.
Quizá algún día las eches tanto de menos como yo a ti y aprendas a no despreciar un acto tan sencillo como una caricia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario