Con los pechos pequeños y los labios gruesos,
sobre su pelvis reposa su lunar favorito, y aún debajo de
sus costillas guarda fragmentos de lo que un día fueron sus
ilusiones.
No se peina por las mañanas porque no lo necesita, tampoco
busca llamar la atención de nadie.
Le gusta el verano si hace frío, el invierno si está tostándose al lado
de su estufa favorita, pisar hojas secas en otoño y dormir desnuda en primavera
(aunque se pondría un pijama porque es de las que opina que la ropa se lleva puesta
en manos de quien te la quita)
Jamás se pondrá a bailar de primeras, no sin antes quebrar con los fantasmas que lleva
dentro de su cabeza que le escupen lo ridícula que podría parecer. Finalmente, le da igual.
Los pájaros son su peor enemigo y su mejor amigo
porque vuelan tan alto como a ella le gustaría.
Es un precipicio sin pretenderlo; y está constantemente perdida en sus propios mares,
para hacerse ella misma de salvavidas.
No necesita héroes ni heroínas que la rescaten porque lleva su propia capa escondida bajo la piel.
Es extravertida a la vez que reservada, perfeccionista, y demasiado pasional,
por lo menos, cuando no está deseando mandarte a la mierda, y con un toque de picardía en su palabras.
Desordenada y maniática del orden, solía andar descalza antes de llevar consigo demasiadas heridas
sobre el pecho, pero continúa bailando sobre filos de navaja porque le gusta el sacrificio que suponen.
Odia las despedidas sin abrazos prolongados, el amor incondicional de la literatura barata del momento, y las personas sin lunares en la espalda.
Es tan suya, tan ella, y a la vez tan de nadie.
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